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martes, noviembre 17, 2009

Nuestra indiferencia está matando más que el hambre y las guerras



Desde que apareció la gripe AH1N1 en el Perú se han tomado muchas medidas contra ella y se ha prevenido a toda la población de su presencia, salieron sendos comunicados en todos los medios de prensa y el Estado ha invertido gran cantidad de dinero en tomar medidas contra la temida enfermedad.

La gripe causó alarma y los noticieros internacionales daban cuenta de su rápida proliferación en diferentes partes del mundo. Un clima de miedo y zozobra se instaló en el Perú y en cada uno de sus habitantes, sin embargo descuidamos otras enfermedades que están matando más que la gripe AH1N1. El frío en el sur estaba matando niños y nadie se dio cuenta.

Tenemos un Ministerio de Salud incompetente, mediocre y clasista, no le importó mucho el friaje del sur, a fin de cuentas se trataba de niños pobres que no estudiaban ni en la Molina ni en San Isidro y sólo eran niños pobres de apellidos difíciles de lugares más espinosos y la indiferencia se hizo notar de inmediato.

Más de cien niños han muerto por esa ola de frío y de indiferencia. El Estado olvidó que los niños del sur también son peruanos, el ridículo que eso el ministro de salud culpando a los presidentes regionales por las muertes es intolerable. Los niños han muerto por la incompetencia del Ministerio de Salud y su aparato burocrático. El presidente de la República no debe tolerar más esta vergüenza y despedir y sancionar a los incompetentes que han permitido que la muerte se lleve a tantos niños que esperan amparo y protección del Estado Peruano.

Vivimos en una era cibernética, se habla de una economía creciente, pero todo indica que somos un país retrógrada en el que aún los niños mueren de frío como sucedía en la prehistoria de la humanidad. Hablamos de tecnología nueva pero somos incapaces de ceder mantas y frazadas, chompas y casacas, vestimenta que abrigue a los niños del sur. Cuando uno de ellos muere la responsabilidad es en cadena y cada uno de nosotros también somos culpables.

La indiferencia es una asesina letal. No podemos permitir que se sigan cometiendo esos actos y que los funcionarios sigan culpándose mutuamente. El Perú es uno solo. Empecemos a hacer una campaña para aliviar el frío intenso de esos niños que mueren cada día por la ineficiencia del Estado, por la incapacidad de sus funcionarios, por la falta de ética y de vergüenza de los médicos que laboran allí y desatienden ese frío infinito y sus secuelas. Nuestra indiferencia está matando a más seres humanos que la peste, el SIDA, el hambre y las guerras.

Balcon Interior

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