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martes, noviembre 17, 2009

No hay razón…



El día del Campesino es la ocasión perfecta para que ese amor subrepticio surja en los políticos hacia ese sector que es siempre olvidado, marginado e inexistente. Hay dos momentos en que los políticos se acuerdan de los campesinos con ahínco y tesón, el 24 de junio y cuando necesitan votos. La población que habita el campo es el grueso del Perú, es un sector importante pero siempre excluido.

La problemática por la que atraviesa el hombre del ande es vasta, las actividades que realizaba con esfuerzo y que le permitían vivir con estrechez se han visto mermadas en las últimas décadas debido a los cambios climáticos, el menoscabo constante de sus tierras a causa de los proyectos inconsultos de los distintos gobiernos y el enrarecimiento de su habitad.

La identidad en definitiva se ha perdido. Sólo en las últimas dos décadas han desaparecido cientos de trajes típicos por el factor alienante de la modernidad, esa que esta cuajada de antivalores y que arranca la identidad de un modo violento. Los sombreros de paja se reemplazaron por gorritas con bordados como NIKE, MY o los nombres en castellano de las contratistas que les arrebatan sus tierras a cambio de centavos o un trabajo en la carretera, para luego convertir sus chacras en yacimientos cercados con un cartel que dice PROPIEDAD PRIVADA, propiedad que es resguardada por otros campesinos disfrazados de RAMBOS y que vinieron de la costa luego de hacer su servicio militar, pero que también apellidan Huamán Tucto o cualquier apellido hispano de los que abundan en el Perú.

El problema del campesino va más allá de una simple estadística que lo sitúa en las barras indomables de las estadísticas en analfabetismo o desnutrición, el problema del campesino más que numérico es social y las políticas aplicadas han fallado, los han relegado, los han marginado, apartado de cada decisión importante.

La exclusión del campesino ha sido un acto lleno de vileza que ha tenido siempre nombres propios. Antes de la reforma agraria el campesino vivía en una suerte de esclavitud, nada le pertenecía, solo su hambre y su dolor. Al margen de que la reforma haya prosperado o no, luego de ella había una equidad social que permitía una igualdad de derechos. Hoy sucede un fenómeno inverso, las tierras nuevamente se compran en masa y pasan a formar parte de empresas mineras, petroleras o de similar naturaleza.
Los cercos que encierran la tierra crecen a la misma velocidad que la sombra cuando llega la tarde y va empezar la noche, quizás esa misma noche sea la que aguarde al sistema agrario peruano, debilitado por la escasez de agua para los cultivos, por la contaminación producida por el uso de químicos letales y por el desden con que mira el gobierno a ese sector. Por esa complicidad con la que maneja las leyes para usufructuar la propiedad de los campesinos.

No hay razón para decir feliz día, no hay razón para ser feliz por un día en que los campesinos serán usados para hacer un show mediático de algún político que quiere jugar a ponerse un poncho y un sombrero por cinco minutos para luego tomarse una foto y darse un baño de popularidad, no hay razón…

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