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martes, noviembre 17, 2009

Black and White




Michael Jackson, El que alguna vez fuera el niño prodigio de la música, dejó de existir en medio de un tumulto de tristeza. Cincuenta conciertos quedaron postergados para siempre, conciertos en los que iba a ganar 1 millón de dólares por cada uno, para aliviar en algo la ruina que la vida le había devuelto a lo largo de los años, como fragmentos que llegan arrastrados a la arena de lo que alguna vez fue un transatlántico de lujo.

La polémica de una vida azarosa y por qué no, dolorosa, se apagó casi como un rumor insospechado y un ser casi espacial, ya sin paso lunar y con apenas 51 kilos de peso y el estómago lleno de pastillas y fármacos se cansó de respirar, de oír, de cantar y cerró los ojos sin ganas ya de volver a despertar.

Sea acabó el pederasta y con él el vitíligo, ese que dijo que le había dado como consecuencia de las operaciones estéticas que lo arrancaban de lo afro, de sus raíces y de sus inicios, se acabaron las cicatrices que se veían en su rostro, las rinoplastias y las “alma – plastias” y también esas otras cicatrices que no se veían, esas que se esconden bajo la piel y el silencio.

Y el rancho de Neverland queda más vacío por unos días, no va a haber tiempo para explicar si fue verdad lo de los niños, aquello que nunca se pudo comprobar y de lo que quedó absuelto por un tribunal, si fue bueno o malo o si sólo fue un niño grande lleno de mariconadas o vacío de ellas. Nadie va a poder negar que se fue sin decir nada, anunciando un espérenme, el hombre del guante blanco en una mano y los calcetines con lentejuelas brillantes, la chaqueta negra igualmente brillante. Los trajes militares, adornados con medallas e insignias y gafas oscuras.

Importa poco si fue negro o blanco, o lo que fue en realidad si amó de verdad o si sus amantes solo fueron compañeras de verdad o si sus amantes sólo fueron compañeras que apagaban su soledad mientras el jugaba con sus juguetes inmensos. Tatum O'Neal, Brooke Shields y Lisa Marie Presley.

Al final la vida es una calle larga que termina en cualquier parte, que se une con otras puertas, con el silencio, el abandono, el llanto inútil y el recuerdo que vuelve como un vendaval, la muerte, arrastrándolo todo.


Ya lo decía Bukowsky: Necesitamos tanto /si sólo supiéramos /que/es / probablemente /es/ todo /y probablemente / todos nosotros moriremos /tratando de conseguirlo /o moriremos/ porque no / lo conseguimos. / Espero que / cuando yo esté muerto /comprendan /que conseguí / tanto / como pude.

Balcon Interior

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