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lunes, febrero 03, 2014

El hijo negado


Hace unos días los peruanos nos vimos asaltados por una noticia que se hizo mediática con la velocidad de un rayo, se trataba de un niño de 14 años llamado Vasco y que sería el resultado del amor furtivo del cantante venezolano Guillermo Dávila y de Jessica Madueño – una desconocida hasta ese momento pese a los roles que estelares que se atribuye en novelas que nadie recuerda-

La madre del niño decidió cierto día hacer mediático su caso y de pronto los canales de televisión y las revistas de espectáculos hablaban del hijo negado del cantante, que por cierto, era una copia fiel del presunto padre y que nada de culpa tenía de la irresponsabilidad de sus progenitores.

La madre no dudó en llevar al niño y exponerlo ante cámaras, en hacer que el Perú entero vea su rostro, en que su cara aparezca en portadas de diarios y revistas. Los reportajes en los distintos canales se repetían y mostraban a un niño tocando guitarra, emulando al presunto padre con los mismos ojos adormitados de aquel que alguna vez le compuso una maravillosa al papa Juan Pablo II en uno de sus viajes a nuestro continente.

Luego de muchos desplantes y de tanta prensa, el cantante aceptó venirse al Perú para reconocer a su hijo y la madre no cabía en sí de felicidad y todo el tiempo anunciaba “que lo único que buscaba era que el padre de su hijo tuviera  un acercamiento a su hijo y viceversa” – Un acto maternal telúrico y comprensible, cargado de emotividad y de lágrimas televisadas con fondo de la canción “me pongo a pintarte y no lo consigo…-

Sin embargo cuando la progenitora vio que todo marchaba sobre ruedas para que padre e hijo consumen ese vínculo indisoluble y eterno de padre e hijo, le brotó el bicho de la angurria y la madre buena, dulce y pertinaz se tornó tirana y usurera y entonces pidió un cuarto de millón de dólares por devengados a través de sus abogados –por el tiempo que el cantante no había visto a su hijo- además de una pensión de dos mil dólares mensuales para aliviar la carencia paternas del pobre niño que había usado sin miramientos en esa red siniestra de maldad y ambición.

El cantante no quiso pagar la cifra y planteó más bien la de 60 mil dólares para justificar los años de ausencia y una pensión de 600 dólares. La madre se mostró iracunda, lloró, acudió otra vez a la prensa, le volvieron a encender las cámaras, le pusieron otra vez fondos musicales tristes y contó otra vez su historia en televisión… pero esta vez la historia tenía un nuevo elemento. Había envenenado a su hijo contra su propio padre, ya no era un tema de ausencia o de falta de paterna, se trataba de una ausencia de dólares de una diferencia económica, de un dolor de tarjeta bancaria. Había adiestrado al niño para que diga “que no quiere llevar el apellido de su popular padre”.

Por su parte el artista en una estrepitosa y lamentable declaración, herido por el chantaje calificó al niño como un "accidente" y agregó que "realmente no tuve una relación de amor. No tenía ni una intención de tener hijos con nadie, no es grato traer al mundo gente cuando uno no lo está planificando".


Ahora el niño es famoso por ser negado. Ningún ministerio se ha pronunciado por el daño moral que la madre le ha causado en su afán de hacer fortuna y las defensorías de niños y niñas hablan mal del cantante y aplauden a la madre, aunque probablemente ella con el daño causado no pueda dormir ni mirar a los ojos a su hijo porque los hijos no son trofeos, porque los hijos no son negociables.

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