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lunes, agosto 14, 2006

PUDOR: Santiago Roncagliolo.


Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) ha vivido en México, Perú y España y es autor de la novela El príncipe de los caimanes y del libro de relatos Crecer es un oficio triste. Pudor, publicada con éxito el año pasado en Lima, responde a las características de la narrativa joven que ahora se desarrolla en Latinoamérica. Roncagliolo se encuentra hoy en Lima a propósito de la Feria internacional del libro. Su último libro es: “Abril Rojo”. Pero fue pudor lo que lo lanzó como un escritor internacional en Europa.

Naturaleza de la novela Pudor

Su naturaleza es urbana, sus protagonistas pertenecen a la clase media alta. Roncagliolo maneja con habilidad el diálogo y en su trama lineal del relato no se plantea complejidades técnicas. Carece de intencionalidades políticas, aunque subyace la crítica social y se aleja de los propósitos totalizantes de promociones anteriores. No carece de cierto humor negro. Sus capítulos alternan las vidas cruzadas de los integrantes de la familia protagonista, bien caracterizados, aunque no exentos de algunos comportamientos tópicos. Los personajes interiorizan su soledad, cierta angustia exenta de dramatismo y así se produce el retorno al tema de la incomunicación humana, tan característico del existencialismo de los 50. El novelista sabe contener la emoción, se muestra atento a los problemas del sexo e indiferente a la problemática de la muerte, tema principal y, salvo al comienzo, oculto a lo largo del relato. Su lenguaje es cuidado, fiel en los registros. Sin proponerse metas más altas que las de una tragicomedia, se lee con gran interés.
Escapa al costumbrismo tradicional en algunos rasgos. Por ejemplo, entre los miembros de la familia figura un gato que es tratado narrativamente como otro ser pensante, no exento de angustias. La figura de Papapa (el abuelo) irá decantando la narración hasta el límite del absurdo. Mariana, la hija, atraviesa una difícil adolescencia. Se sentirá atraída por Katy, su amiga, y ambas sostendrán unas relaciones confusas con los muchachos. El hermano, un niño, tortura a los animales del jardín: mata una lagartija, encierra a un escorpión en un círculo de fuego para que se suicide y comparte la aventura de descubrir un vecino muerto con su amiga.
Los espacios son definidos por su naturaleza doméstica. Lima no resulta aquí protagonista. El tiempo interno es concentrado en pocos días, aunque adquiere el valor simbólico del medio año otorgado por el médico a Alfredo, equivalente a la tregua matrimonial que se concede el matrimonio. No faltan algunos elementos fantásticos: los fantasmas desde la perspectiva infantil. Porque la narración se inicia con la muerte en el hospital de la abuela, situación en la que ya interviene Sergio, que pretende jugar con los tubos y aparatos de control médico de su abuela moribunda. Acierta el novelista cuando asegura que ésta es una novela de intimidades. Cada quien anda con las suyas, intransferibles, incomunicables. Una novela de soledades, bien definida, sin alardes narrativos, con la simplicidad de quien expone al desnudo lo esencial.

Balcon Interior

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