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lunes, agosto 14, 2006

John Irving


Nació en Exeter, New Hampshire, en 1942. Estudió literatura inglesa en la Universidad de New Hampshire y en 1963 se trasladó a Viena, donde pasó dos años en el Instituto de Estudios Europeos. Desde muy joven, Irving se dedicó a la lucha libre, deporte al que ha dedicado numerosas páginas y con el que ha ido alternando su trabajo como escritor y como profesor de diversas universidades. Fuertemente influido por el realismo de los maestros europeos del siglo XIX, John Irving afirma que sus novelas buscan conmover al lector más que persuadirle intelectualmente. Entre 1965 y 1967 escribió su primera novela, Libertad para los osos (Andanzas 167), a la que seguiría La epopeya del bebedor de agua (Andanzas 88 y Fábula 70), pero fue con la aparición de El mundo según Garp (Andanzas 27 y Fábula 11), en 1976, cuando consiguió por fin el éxito y la fama tanto en Estados Unidos como en las múltiples lenguas a las que fue traducida. Desde entonces crítica y público han aclamado al unísono sus siguientes obras: El Hotel New Hampshire (Andanzas 28 y Fábula 27), Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, Un hijo del circo y, en especial, Una mujer difícil (Andanzas 29, 238 y 369). Irving ha recreado asimismo sus experiencias personales con la escritura y el cine en dos jugosos volúmenes, La novia imaginaria y Mis líos con el cine (Andanzas 299 y 403). Con esta última novela, ha sido galardonado con el Oscar al mejor guión adaptado para la película Las normas de la casa de la sidra.
DICE JOHN Irving en el libro que escribió a propósito del proceso de conversión de su novela Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra en la exitosa película Las normas de la Casa de la Sidra -por la cual ganó como guionista el oscar-, y titulado en España Mis líos con el cine, que hay que tener cuidado con no confundir las excentricidades de un personaje literario con el protagonismo extremo de esas mismas excentricidades. En el libro, lúcido y amable, el autor pasa lista a algunas de las adaptaciones que el cine americano lleva hechas de sus 11 novelas, deteniéndose en las más importantes y prescindiendo de otras, como Simon Birch, de Mark Johnson, remotamente basada en Oración por Owen.
Y hay que estar de acuerdo con él cuando afirma que el guionista de El mundo según Garp de George Roy Hill, Steve Tesich, confundió el humor surreal que campa por la novela con la mera invención de chascarrillos, o cuando dice que Tony Richardson se pasó de rosca al hacer, en su desarrapada versión de El hotel New Hampshire, un digest reducido de todo lo que por el libro transita. La composición de los personajes y el humor suelen ser los puntos débiles de todas las adaptaciones que se han hecho de una obra que ha interesado siempre al cine (Irving preparó ya una versión de su primera novela, Libertad para los osos, en 1969, para la que la dirigiera Irvin Kershner) y que, al menos para quien esto firma, ha tenido sus mejores logros en Las normas de la Casa de la Sidra, en la que Irving potenció el verdadero tema de la novela, el derecho al aborto, en lugar de quedarse en la, no obstante, magnífica relación amorosa entre tres de sus personajes.
Y en la última, esa Una mujer difícil de Tod Williams, que recrea sólo el comienzo de la extraordinaria novela homónima, y en la que el director condensa convincentemente el mundo irvingiano desde el humor surreal al drama y la composición de unos personajes cuya excentricidad corre pareja con su honda humanidad, buen ejemplo de una difícil relación de trasvase entre cine y literatura que, a no dudar, dará nuevos frutos en el futuro. Y si no, al tiempo.

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