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lunes, agosto 14, 2006

J. D. SALINGER: El guardián entre el centeno


Jerome David Salinger. Escritor estadounidense nacido en Nueva York. Se graduó en una academia militar y después asistió brevemente a dos universidades. Su obra más importante, El guardián entre el centeno (1951), le estableció como escritor de culto y Holden Caulfield, el héroe de la novela, se convirtió en prototipo del adolescente rebelde y confuso que busca la verdad y la inocencia lejos del mundo falso de los adultos. Otras obras de Salinger, que tras su temprano éxito literario se convirtió en un ermitaño, son su libro de relatos Nueve cuentos (1953), Franny y Zooey (1961), Levantad, carpinteros, la viga maestra y Seymour: Una introducción (ambas en 1963). Todas ellas tratan de los problemas de los niños de la familia Glass, brillantes y extremadamente sensibles.
“El guardián entre el centeno”: Salinger es un autor perteneciente a la llamada "generación perdida" o movimiento literario que surgiría en torno a los años 20 en Norteamérica, y que se caracterizó por la expresión en las obras de sus autores representativos, de un sentimiento de desesperanza y pesimismo vitales, que se va a ver plasmado exactamente en este libro.
El autor, que suele tomar como referentes de su obra a los más jóvenes, en concreto a los que pasan por esa edad tan crítica de la adolescencia y de tránsito a la edad adulta, refleja con gran precisión la confusión y búsqueda de la identidad que, casi con total seguridad, habrá pasado más de un lector que se adentre en las páginas de esta especie de libro-diario, en el que el protagonista va a narrar su, para él, deprimente e insulsa vida cotidiana.
Y es que Holden, como así se llama el joven, es el típico niño-bien, perteneciente a una familia acomodada en la que todo se le da y se le consiente, pero en la que no van a estar presentes unos padres en su educación y estabilidad emocional, demasiados ocupados por el trabajo o por los compromisos sociales a los que tienen que acudir. No tiene ilusión por nada, no sabe lo que quiere, nada le llena y todo le parece aburrido... y además, le expulsan del instituto en el que estudia, del que escapará sin rumbo ni objetivos.
El autor va a hacer que el protagonista descubra, en su huida a ninguna parte, lo más bajo del ser humano, la violencia, la codicia, el vicio... llevándole a una cada vez más marcada madurez... parece que así, a base de malas experiencias, como se suele decir, se aprende a crecer y ser una persona adulta y coherente: la huida es la búsqueda de la propia identidad del joven. El regreso al buen camino va a ser, como en la parábola del "hijo pródigo", la vuelta a casa, pudiendo empezar de cero una nueva vida.
Puede chocarle al lector el "pasotismo" o descaro con el que Holden cuenta sus experiencias, pero no hay que olvidar que se trata de un lenguaje producto de la confusión y rabia de cualquier joven, ya esté enclavada la acción en la Nueva York de los años 40, como es este caso, o la de hoy día... son sentimientos y situaciones que se han dado y se darán siempre... es ley de vida.
A propósito del título, éste hace referencia a que al joven lo único que le gustaría ser es un "guardián entre el centeno", y "evitar que los niños caigan en el precipicio (...), vigilarles todo el tiempo..." es el deseo del protagonista de que nadie más pueda pasar por lo mismo que él; en el fondo es una persona muy sensible y, de provocar al principio cierto rechazo, el lector acaba apiadándose de él.


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