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martes, abril 19, 2011

Que Dios nos ayude


·         No hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla

Mientras unos se fugaban de penales en cierta época aprista, ahora otros prófugos llegan ¿Cuál es la coincidencia? Nada más y nada menos que el mismo hombre: Alan García Pérez. 

Cuando un barco está a punto de hundirse las primeras en saltar para salvarse son las ratas. Cuando ha pasado la tempestad y se sienten seguras, las primeras en aparecer también son ellas, sucede lo mismo en el juego impío de la política.

El 09 de julio de 1990 Víctor Polay Campos, ex miembro del partido aprista y preso en el penal de Castro Castro por ser uno de los líderes del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA)  se escapó de la prisión junto con otros 47 subversivos, solo faltaban unos días para que Alan García deje el poder. El escape se hizo a través de un túnel de varios metros, que conectaba al penal con una vivienda,  un túnel que tenía desde servicios higiénicos hasta alumbrado eléctrico, siempre quedaron las dudas de la participación del gobierno en esa fuga memorable.

Hoy aparece el prófugo y buscado por la justicia Hurtado Miller después de una década de haber permanecido en la clandestinidad, por una serie de delitos cometidos en el fujimorato, aparece en un momento angustiantemente político para el país. Nada tendría de malo en que una “rata” - como llamo alguna vez Alan García a sus coopartidarios  luego del escándalo de los petroaudios- apareciera de improviso cansada de estar en su escondrijo, sino fuera porque Hurtado Miller, el ex ministro fujimorista y uno de los engranajes de la mafia instaurada en el decenio del 90 – 2000 fue el que escondió a Alan García en 1992 en su casa, cuando Alberto Fujimori, enceguecido por el poder y respaldado por una caterva de generales corruptos había ordenado irrumpir en la casa de Alan García a balazos, ex presidente de la república en ese entonces.

García haciendo honor al cuento de Ribeyro, huyó por las azoteas para salvar su vida, se escondió en la casa de su vecino, de quien recibió cobijo y abrigo,  nada más y nada menos que en la casa del ingeniero Juan Hurtado Miller, aquel que un cinco de agosto de 1992 siendo ministro de economía tuvo el triste papel de vocero del infortunio y la tragedia cuando sentado junto a una bandera a las ocho de la noche anunció el fujishock, el paquetazo de medidas económicas que nos solo causó terror en millones de peruanos sino que hasta condujo a la locura a muchos. Con su voz fingidamente conmovida dijo luego del lanzamiento de las medidas la ya histórica frase: Que Dios nos ayude.

En la campaña previa al 90 Alberto Fujimori se había vendido como un candidato que nunca aplicaría la política del shock, como sí lo había planteado Mario Vargas Llosa; los millones de peruanos creyeron en el chinito de los cuentos y una vez en el poder se aplicó todo el modelo político de su rival, el hoy Premio Nobel, Mario Vargas Llosa. Hoy su hija jura “Por Dios” que no indultará a su padre, total… han pasado ya veinte años y hay generaciones nuevas que votan y que no conocen esa magra historia.

Los favores políticos se pagan y se pagan con creces, los intereses de esas deudas son cuantiosos y prueba de ello es la aparición del fugitivo ex ministro fujimorista, en las postrimerías del gobierno de García Pérez. Hurtado Miller apareció muy campante sabiendo que era buscado y que sería capturado en el acto, pero sabía también que había llegado la hora de cobrar el favor de haber salvado la vida a Alan García en los momentos más angustiosos de su vida cuando tuvo que saltar bardas, correr por azoteas y evadir balazos. Hurtado Miller apareció con una sonrisa, chino de risa.

Como era de esperarse el viejito fue recluido en su casa, con todas las comodidades que la economía holgada otorga y con la esperanza de una indulgencia. Total, estamos en Semana Santa y como dijo el ex prófugo Hurtado Miller alguna vez: “Que Dios nos ayude”.




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