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miércoles, abril 13, 2011

Cien días de soledad


La evaluación del proceder acertado o no, en términos políticos y administrativos, de cualquier gestión pública surgida desde las urnas tiene una primera cita en la celebración de los cien primeros días de gobierno. Se trata de una evaluación ya universal en muchos países de América y del mundo entero.

Las decisiones adoptadas durante este periodo marcarán el carácter, el ritmo y el marco de principios desde el cual se ha de afrontar la tarea de conducir los destinos de la región y servir a la población en general más allá del apoyo mayoritario obtenido gracias a la confianza democrática.

Han pasado más de cien días desde que las nuevas gestiones municipales y regionales asumieran sus cargos en el mes de enero. Al asumir los gobiernos, todos los involucrados anunciaron que luego de los primeros cien días darían cuenta de los “cien primeros días”, de los pasos que habían dado en esos, poco más de tres meses, y de las falencias encontradas de la gestión anterior.

Después de cien días parece que todos, o al menos la gran mayoría, de gobiernos entraron en un estado de sopor y de  letargo, como si esa promesa inicial fuera difícil de cumplir y hasta innecesaria.

Si bien cien días son una fracción de tiempo muy corta con el periodo de cada una de las administraciones que asumieron municipios y regiones, es un tiempo aceptable para medir el ritmo en que se está avanzado o, en todo caso, desenredando la maraña de barbaridades que dejó cada gestión saliente.

En cien días, sería pertinente que aquellos alcaldes que se comprometieron a dar un informe de esa etapa inicial, cumplan con lo prometido, al menos con eso. Un informe de corto tiempo es sencillo de brindarlo, dejar que pasen doscientos o trescientos días complica las cosas y convierte a las rendiciones de cuentas en una bola de nieve que sumada al tiempo creciente se hace algo inmanejable y acaba sepultando propuestas, intereses y gobiernos.

No se trata de ser intolerante, pero sí de hacer una evaluación seria y pertinente que pueda mostrar los aciertos y desaciertos y las correcciones y enmiendas que hubiese que hacer. No se busca hacer un juicio de valores, pero sí el cumplimiento elemental de una propuesta hecha cuando ya se fue gobierno. Si se incumple con las promesas hechas al asumir el mando ¿Qué se puede esperar de las que se hicieron antes de llegar al poder?

La situación municipal en Cajamarca ha empezado a hacerse beligerante internamente, en menos de cien días varios trabajadores han sido cambiados y otros simplemente despedidos sin mayor explicación. Las luchas internas siempre conducen a catástrofes posteriores. La historia no se equivoca.

La situación en los municipios del interior de la región no es distinta, las denuncias empiezan a salir a flote en todas las esferas y nadie se anima a presentar el balance de los cien días.

Tal parece que han pasado cien días de soledad, de abandono, cien días deshabitados. La próxima semana llegarán los feriados de Semana Santa y en la siguiente el Día del Trabajo y la otra el de la Madre y el Día de la Bandera y el del Padre y sin darnos cuenta estaremos en los ciento cincuenta días y los cien días será la primera promesa incumplida de cada gestión edil y regional.

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