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domingo, marzo 27, 2011

Niños de alquiler


La mendicidad en Cajamarca constituye uno de los problemas más graves en la actualidad, pero tras esos niños y ancianos que están atiborrando las calles existen historias distintas y sorprendentes.

Muchos de esos niños que son parte del paisaje cotidiano de esta ciudad cosmopolita son niños que solo son acompañantes y que no tienen ningún vínculo familiar con la supuesta madre o abuela, sino que son alquilados por sus madres para que estos añadan a la escena de la mendicidad un elemento telúrico y que logre convencer a los transeúntes.

Otra de las formas en que explotan a estos niños es haciéndolos trabajar en la venta de golosinas, ellos se desplazan preferentemente en los restaurantes de la ciudad y son atentamente supervisados a la distancia por un adulto que los sigue de cerca y que sabe cuánto es la ganancia obtenida y que los tiene bajo su mirada de manera permanente.

Los ancianos tienen una forma distinta de ser explotados, generalmente son dejados en cierta calle y recogidos por la noche, algo que se suele ver es que estos ancianos reciben alimento con puntualidad, es decir, sus familiares les llevan una vianda para que estos se alimenten y de paso evalúan las ganancias obtenidas en el día.

La indignante realidad de estas formas de explotación tiene que ser abordada por los organismos competentes, se está haciendo un daño irreparable a los niños y se los expone a situaciones que engloban peligro y que podrían destruirle la vida. Urge aquí la intervención de entidades como la DEMUNA, El Ministerio Público y la participación de la sociedad en su conjunto para desenmascarar a estos grupos organizados que han hecho de la mendicidad un lucrativo negocio.

Hace unos años, un periodista valeroso se internó en el mundo de la mendicidad por más de dos años para conocerla por dentro y descubrir sus aspectos más soterrados, Isaac Felipe Montoro, luego de esa experiencia publicó dos libros maravillosos sobre este oscuro tema “Yo fui mendigo” y “Los niños mutilados” en ellos descubre el lado más siniestro de esa labor tan particular.

Es verdad que existe pobreza y que hay sectores que tienen necesidades cuantiosas y que hay mucha pobreza extrema, pero no se puede permitir que un grupo de inescrupulosos trafiquen de esta manera con la infancia y la ancianidad de seres que tuvieron la desdicha de nacer en un entorno distinto.

Los niños mendigos en Cajamarca han aumentado notablemente, a ellos se han sumado una pléyade de otros pequeños que trabajan en las noches y madrugadas en el peligroso trabajo del reciclaje, ellos se desplazan en medio de la noche rebuscando en las bolsas de basura, expuestos  a miles de peligros y vejaciones que parece que  las autoridades no se han decidido a combatir.

Los sectores más vulnerables de la sociedad son los niños y los ancianos. No podemos mantenernos indiferentes a una realidad abyecta sin hacer nada.

Las realidades de las grandes ciudades hoy nos pertenecen, hace unos años era inconcebible que en Cajamarca se produzca  una historia como la que contaba Julio Ramón Ribeyro en “Los gallinazos sin plumas” hoy esa realidad se ha hecho nuestra, la vemos a diario y permanecemos apático e indolentes. 

Balcon Interior

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