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miércoles, marzo 16, 2011

A Dios rogando y con el mazo dando



·         No mentirás.

El Cardenal Juan Luis Cipriani en su programa sabatino “Diálogos de Fe” hizo un llamado a los candidatos a no insultarse ni a mentir a la población. Cipriani, político consumado, como es costumbre en él aprovecha cada oportunidad que tiene para hacer diálogos políticos y refrendar el apoyo a sus candidatos.

“Aquí una invocación a la verdad, a no insultarse, a no engañar a este pueblo, sino a procurar servirlo pero con la verdad. Ahí tenemos un camino de humildad muy bonito. Y al pueblo le pido que sepa descubrir la actitud del candidato, si miente o dice la verdad” dijo el religioso.

“Muchos tienen angustia de poder cuando en realidad el poder es un servicio, y no un dominio” agregó el sacerdote que guardo silencio durante la época en que la mafia fujimontecinista pagaba exorbitantes cantidades por portadas fraudulentas a diarios chicha, el mismo cardenal que avaló la andanada de insultos que se publicaban contra los políticos opositores durante esa década oprobiosa.

Al mismo estilo de los políticos más criollos del país Cipriani lanzó una daga contra el candidato Alejandro Toledo y se suma a este show mediático del examen toxicológico añadiendo: “pues si se miente todo el día no hay espacio para Dios”. “Si quiere ser un gobernante, tiene que ser honesto; si quieres ser deportista, que se cuide el físico y que entrene”.

Mientras Juan Luis Cipriani aprovecha sus programas radiales o las homilías para hacer política, la Iglesia Católica en el Perú se disgrega rápidamente debido a una falta de labor pastoral, a una imagen más y más deteriorada debido a la pedofilia y la corrupción de la institución que él dirige, mientras las sectas se apoderan de los millones de pobres con el cuento del diezmo y la vida eterna.

La imagen de un sacerdote inmiscuido en la vida política de una nación debería ser cuestionada por el Vaticano, quien sí cuestiona cosas menores pero que prefiere hacerse el desentendido con las situaciones de los curas del Opus Dei, situaciones que abundan en la Iglesia Católica.

El mentiroso de Cipriani nunca explicó el rol que cumplió en la mediación de los rehenes de la embajada japonesa, mediación que ciertamente lo catapultó al estrellato y luego lo coronó como la máxima autoridad religiosa en el Perú en medio de un oscurantismo extraño y sospechoso, cuando Montesinos reinaba y Fujimori gobernaba.

Las tendenciosas declaraciones de Cipriani que hace cada semana sobre la vida política de la nación le hacen daño a la Iglesia, sería preferible que hiciera una exhaustiva investigación sobre las formas en que la iglesia podría ampliar su accionar pastoral, la forma de incrementar los miembros en su fe, buscar estrategias para que se incremente el número de sacerdotes en tiempos tan difíciles como los de hoy.

El hombre que decía “Los Derechos humanos son una cojudez” hoy invoca a no insultar ni a ofender, pero el dicho de “a Dios rogando y con el mazo dando” se aplica mejor que nunca en este momento en que la política peruana se encuentra bajo la lupa internacional ante la proximidad de las elecciones y la presión de muchos sectores.

El más notable de los fariseos, el representante digno de la Santa Inquisición una vez más se propone destruir la poca credibilidad de la Iglesia Católica con sus comentarios absurdos, tóxicos y viles como todos sus discursos sabatinos o domingueros.

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