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lunes, julio 06, 2009

Ingratitud con el planeta



“Desde una base de investigación antártica hasta las Pirámides de Egipto, pasando por varios confines del planeta, el mundo apagó las luces el sábado para celebrar por segunda vez la Hora de la Tierra y poner de manifiesto la amenaza del cambio climático. Las luces que iluminaban calles, famosos rascacielos y algunos de los monumentos más conocidos del mundo se apagaron durante 60 minutos.
De manera sucesiva en cada huso horario del planeta, casi 4.000 ciudades y pueblos de 88 países se sumaron al acto patrocinado por el World Wildlife Fund (WWF), un plan de oscurecimiento que consistió en apagar todas las luces no esenciales entre las 8:30 y las 9:30 de la noche” informan algunas agencias noticiosas desde otras partes del mundo
“En Australia quedaron en la penumbra los famosos techos abovedados blancos de la Opera de Sydney. Las luces se apagaron en la Esfinge de Giza y el centro de Londres. Hasta la avenida de los casinos de Las Vegas prometió plegarse a la conmemoración.
En la Base Scott en la Antártida, el contingente neocelandés de 26 personas apagó luces, artefactos y computadoras para dejar sólo la iluminación de emergencia.
En Atenas, la Acrópolis se oscureció y se realizó un concierto al aire libre en una colina adyacente. Muchos espectadores atenienses llevaron velas al concierto. El aeropuerto internacional de Atenas apagó las luces de una de sus pistas.
El Coliseo romano y la Basílica de San Pedro quedaron también a oscuras, lo mismo que la Torre Eiffel, el Louvre, la Catedral de Notre Dame y unos 200 monumentos e inmuebles parisienses”.
En Cajamarca la indiferencia no pudo ser mayor, fueron muy pocas las viviendas donde se tomó conciencia del hecho y donde se desconectaron los artefactos, apagaron las luces y se reflexionó sobre la importancia de este acontecimiento.
Sólo se pidió una hora de oscuridad y no pudimos cumplir, sesenta minutos que no se practicaron. Ha causado decepción la ingratitud de la gran mayoría con nuestro medio ambiente. Las empresas no pararon, ni las discotecas, tampoco las tiendas ni las pollerías…
Cuando la necesidad sea impostergable no habrá más tiempo para reflexionar, ni siquiera para poder elegir si queremos o no cumplir esa obligación que el sábado fue moral. Cuando llegue ese momento el mundo se habrá convertido en un horno, los glaciares inundarán la tierra y quizás solo las cucarachas sean las forjadoras de una nueva raza quizás con más nobleza que la que hoy nos hace falta.

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