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lunes, junio 23, 2014

Raro


 
El futbol, dicen, es pasión de multitudes, por eso cada cuatro años el mundo enloquece y por casi un mes no se habla de otra cosa, se come futbol, se bebe futbol, se transmiten los partidos en vivo y en diferido y se repiten y se comentan una y otra vez.
 
El fútbol, dicen, es el deporte rey y en la aldea más remota del mundo los niños patean una pelota hecha de cualquier cosa. Los diarios atiborrados de noticias del mundial, la televisión, la radio, las páginas web de todo el mundo, las redes sociales…
 
Dicen que no existe a quien no le guste el futbol que sería un ser muy extraño aquel, un ser raro. Debo ser uno de ellos aunque hasta el mundial de México ´86 me interesaba como a todos o casi todos. Tenía una pelota de blader y hasta un equipo de futbol en donde era el arquero – el arquero del equipo contrario siempre o casi siempre era mi vecino y amigo Sergio Sánchez, hoy candidato a la alcaldía-
 
Fue después de ese mundial que el futbol se convirtió para mí en el aburrimiento más excelso del mundo, dejó de importarme y me pareció hasta deprimente. Hoy soy un tipo de esos raros a los que el mundial no le interesa, excepto porque a la hora de los partidos las calles están vacías.
 
No sé nada en absoluto de quienes juegan, –excepto claro, que Perú no va a un mundial desde España ´82 cuando tenía mi álbum de Naranjito- felizmente existe el cable y uno tiene otras opciones que ver que no sea el futbol. Felizmente existen los libros o las calles vacías porque todos están viendo el futbol.
 
Debo ser un hombre raro, pero para mí está bien y lo está para mi esposa y mis hijas quienes detestan el futbol tanto como yo, ellas están felices de tener un esposo y padre como yo, que no se sienta en la sala, se apodera del control y se bebe unas cervezas mientras ve el mundial. Ellas están felices de que no me pierda con los amigos a la hora de los partidos del mundial, de que les permita ver sus programas y que después de la cena no hable de futbol.
 
Ellas están felices de esa mi rareza, de que no vaya los domingos al estadio a ver jugar al UTC ni que sea un futbolero sabatino pichanguero de aquellos que dicen que juegan fulbito y que luego sigue el fulvaso y acaban con una gran barriga por el lúpulo consumido cada sábado de todas las semanas. Ellas sí me entienden y me aman así, ellas están felices de tener un tipo tan raro junto a ellas y me quieren bien.
J.A.Padilla.

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