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viernes, octubre 12, 2012

Todo sobre los huevos



Recientemente se celebró el día del huevo y poco sabemos de él y de su rol no protagónico pero sí proteico en las mesas peruanas y de forma especial en las cajamarquinas. No es lo mismo un huevo de gallina de corral que uno de granja.
Las gallinas alimentadas con maíz y en un ambiente natural ponen huevos más sabrosos, nutritivos y coloridos frente a los de granja, de uso más común, pero con evidente pérdida de calidad. A la hora de recrearse, la gallina feliz se pasea todos los días por el campo a plena libertad, corre y descansa cuando quiere, respira el aire limpio, se codea con sus amigas, saca a pasear a sus polluelos, en fin, se mueve a sus anchas. La segunda, en cambio, vive confinada al encierro de por vida. Y aunque suene duro decirlo, ella nacerá, morirá, comerá y eliminará sus desechos en exactamente el mismo lugar. Por lo mismo, sus picos y alas serán cortados para tener el menor radio de movimiento posible.

A la hora de comer, nuestra gallina feliz tendrá  alimento 100% orgánico, maíz, por ejemplo, y otros granos, sumado a una buena cuota de gusanos y bichos que picoteará de la tierra a fin de tener las proteínas necesarias, tal cual sucede en la campiña.

Las de cautiverio en cambio, tendrán que conformarse con un polvo, -alimento especial para gallinas-  el cual contiene todo lo necesario para crecer, vitaminas, proteínas, minerales, etc. en base a la más insulsa harina de pescado. Ni hablar del uso de la soya para la entrega de proteínas. No hay que olvidar que la soya es uno de los cultivos más transgénicos del mundo.

A la hora de empollar, pues, nuestras gallinas de campo salen a buscar el lugar perfecto para echarse el tiempo que sea necesario. Nada de esto ocurrirá en los criaderos, que le dejarán este trabajo a las incubadoras a fin de hacer más rápida la producción.

La naturaleza, ha dictado que lo normal es que la gallina ponga un huevo al día. Cuando sale el sol ella ya sabe que es hora de trabajar, y pone. Algunas podrán poner un poco más y otras, un poco menos. En invierno la cosa se pone más dramática, el frío las frena un poco y, por tanto, en esta época escasearán los huevos. Cosas de la naturaleza.

Muy distinto a lo que ocurre en una granja con los huevos de gallina. Encerradas, sus dueños tienen la capacidad de manejar el día y la noche a su antojo prendiendo y apagando la luz. La conclusión, una de estas gallinas pone, en promedio, cuatro huevos diarios. Eso hace que después de un año de producción ya se haga necesario sacarla de la línea, pues el desgaste ha sido tal que no podrá rendir igual.

Las gallinas en cautiverio ponen huevos menos sabrosos y de menor tamaño, de ahí que los cajamarquinos prefiramos siempre los sabrosos huevos de gallinas de corral que venden mayormente las personas del campo que vienen a la ciudad y que crían a sus gallinas en el campo a su libre albedrío.

Mientras un tipo de huevo carece por completo de hormonas y químicos, además de tener un sabor inconfundible, el segundo será descolorido, con un olor nauseabundo y, por supuesto, no sólo menos rendidor en cuanto a sus propiedades, sino también en su cantidad. Las gallinas al igual que los seres humanos también tienen sus sufrimientos –aunque parezca risible-  y la vida que llevan determinará el tipo de huevo que pongan y que acabe en nuestra mesa.

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