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lunes, octubre 01, 2012

Lo más grande de todo es el amor



Para Luz María

La vida tiene círculos que hay que ir cerrándolos con el paso del tiempo. Los seres humanos solemos acostumbrarnos con frecuencia con los que hacemos, con las personas que nos rodean y hasta nuestros afectos más profundos muchas veces son parte de una costumbre.

Quebrar lo establecido siempre duele, romper esa rutina y tomar nuevos caminos. Caminar por otras calles, conocer otras personas, reírse de otras cosas. La vida siempre estará cargada de razones para seguir aunque muchas veces pensemos que ha llegado el final. La vida es una larga carretera con muchas piedras que tenemos que evitar.

Alguien dijo alguna vez que la vida está hecha de pequeñas costumbres cotidianas, repeticiones autómatas que van haciendo la sumatoria de nuestros días y que esa repetición frecuente forja los hábitos y ellos  nuestro espíritu, nuestra personalidad y nuestro destino.

Cuando a veces reaccionamos y nos damos cuenta ya es demasiado tarde para enmendar el daño que hemos hecho. La vida está llena de fracasos, quien no fracasa no ha vivido, no arriesgó y por lo tanto no tiene nada que perder, pero tampoco nada que ganar y nunca va a ganar sin arriesgar.

El amor es la fuerza que mueve el mundo. En la carta de San Pablo a los Corintios  (13, 1-13) dice:

“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. 

Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.

El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. 

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 

El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.

Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.

Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. 

En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande todas es el amor”.

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