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jueves, octubre 04, 2012

Balcón Interior Nº 1000



Tantas veces me asomé por este balcón solamente para ver si habías llegado.

Esta columna tiene un significado especial para mí como autor de ella porque es la número mil que se publica en este diario. Nació hace varios años y es el resultado de muchas miradas que da uno a la vida y las piensa desde un enfoque muy personal e íntimo con la única intención de compartir un espacio con quienes creen ver en ella algo que pueda interesar.

Cuando tuve la oportunidad de empezar a escribir una columna en un diario hubo que buscarle un nombre, “Balcón Interior”, es el título de uno de mis libros de poemas más queridos y que aun no ha sido publicado por mi propia desidia. Me pareció que el nombre no podía ser mejor para un espacio así ya que la columna es un espacio de opinión desde el que abordo diversos temas cada día. Es como ver desde un balcón lo que pasa diariamente o lo que pasó sin darnos cuenta siempre desde un punto de vista muy personal que no busca más que compartir una modesta opinión.

He tenido algunas querellas por lo escrito en este espacio - todas de ellas ya resueltas felizmente-, seguramente que otras aguardarán tras ese velo invisible de días que uno no sabe hasta cuándo han de durar.

A través de este espacio he conocido a mucha gente de la que he aprendido mucho, con quien he compartido mucho y de quien me siento complacido. La vida es una cadena infinita de situaciones inesperadas que nos marcan un camino desconocido y que debemos cruzarlo a cada instante en soledad.

Hoy quiero agradecer a todas aquellas personas que cada día se toman la molestia de ingresar al blog del Balcón Interior y leerme por más lejos que se encuentren – ver la huella de sus registros en la web desde lugares tan disímiles y desde ciudades tan distantes es para mí la mejor satisfacción de cada día cada vez que actualizo el blog en la web- También a quienes leen diariamente en la edición impresa, a quienes leen y me critican porque me hacen ver los errores, a quienes me leen y no dicen nada y a quienes leen el Balcón y piden cerrarlo para siempre porque eso me fortalece y me motiva.

Gracias a las veces que en algún lugar, alguna vez encontré una columna recortada y guardada bajo el vidrio de un escritorio o sujeta con un alfiler en la pared, esos momentos han sido diplomas para mi alma, aunque sé que en el fondo no lo merezco.

Perdón por los arrebatos y los errores, por las ofensas y los exabruptos,  sé que han sido en demasía y que muchas veces el furor del alma comete excesos. Hay cosas que solo se aprenden con el tiempo. El tiempo es el mejor maestro aunque no los hombres somos siempre sus mejores alumnos.

Después de mil columnas hay una secreta satisfacción y una constante disconformidad, una gran alegría y un compromiso permanente de mejorar y seguir hasta donde se pueda, hasta         que den las fuerzas y las horas, porque como todo en esta vida llegará un momento en que las puertas de este Balcón Interior se cierren y se ceda el espacio a otros que vendrán cuando nos hayamos ido y ya no estemos, porque en la vida siempre estamos a la espera de la muerte y aunque no queramos ella nos espera y a diferencia de nosotros ella es muy paciente y siempre, pero siempre, acaba por alcanzarnos.


Balcon Interior

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