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jueves, octubre 18, 2012

Retrato




El indulto al expresidente Alberto Fujimori ha polarizado al país en un momento en que más de 250 conflictos sociales explotan como una olla de maíz perla por todos lados y cuando son más los que nacen que los que se solucionan debido a una política de resolución de conflictos fallida hasta el momento.

Los fujimoristas creen tener la razón en cuanto al pedido de indulto, los grupos de Derechos Humanos – aquellos que el Cardenal Juan Luis Cipriani dijo textualmente “que eran una cojudez”- han mostrado su cara más grotesca contra la posibilidad de un indulto y hasta los organismos internacionales han condenado la posibilidad de que se otorgue un indulto a un violador de derechos humanos y condenado por crímenes de lesa humanidad.

Y es que a Alberto Fujimori no le fue suficiente con tener una cárcel dorada con todos sus caprichos como recibir visitas a la hora que se le antoje y en el número que él pueda atender, o celebrar su cumpleaños con Los Iracundos cantándole en vivo y una serie de generosidades que ningún reo en el Perú nunca la tuvo. Por eso harto de ello solicitó – a través de sus hijos – el pedido de indulto por razones humanitarias.

Resulta contradictorio que hable de razones humanitarias quien mandó ejecutar selectivamente a decenas de personas a través del grupo Colina, a quien permitió la instalación de un cuartel de torturas en “El Pentagonito” en donde se construyeron celdas, salas de tortura y hasta un crematorio para desaparecer los cadáveres de las personas que eran asesinadas y que nunca tuvieron la facultad de pedir un indulto a las indecibles torturas a las que eran sometidas antes de morir y de ser cremadas por los agentes a su servicio.

Muchos de los nazis que fueron parte de la SOS y que ejecutaron a miles de judíos en los campos de exterminio y a los que luego cremaban para convertirlos en jabón, cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial huyeron a los confines del mundo, muchos llegaron a América a pasar sus últimos días, viejos, enfermos, con dolencias perpetuas; pero cada uno de ellos que fue capturado purgó condena hasta el último de sus días, como era debido.

Lo mismo sucedió con otros genocidas como Augusto Pinochet, Sadam Hussein y esa larga lista de violadores de derechos humanos que también tuvieron su lado humano y sus pasiones, sus afectos y sus amores, sus momentos aciagos en los que intentaban olvidar de sus crímenes.

Fujimori no es un ciudadano superior a nadie, por lo tanto no tiene preferencia alguna con respecto a nadie, si se le concede el indulto igual lo podría pedir Momón o los miles de enfermos terminales que agonizan en las cárceles peruanas.

Fujimori ha mostrado ayer un cuadro con su rostro en el que se muestra una inscripción que dice “Perdón por lo que no llegué a hacer y por lo que no pude evitar”. Realmente patético.

Lo que no llegó a hacer nunca lo sabremos, lo que no pudo evitar todos los sabemos y estamos asqueados y más lo están las miles de familias que vieron a sus familiares desaparecer y después de años aparecer sus osamentas acribilladas a balazos enterradas en un arenal. El perdón debería pedirlo a la gente torturada, secuestrada asesinada, a los huérfanos viudas y madres dolidas para siempre.

Mientras tanto los fujimoristas buscan el indulto, y se desgañitan por el exdictador tratando de hacerlo pasar como un viejito bueno… al final, como dice la canción: Todo tenemos parientes, tenemos/ Todos por algo lloramos, lloramos/ Somos de una vida corta, sabemos/ Todos siempre nos buscamos.

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