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jueves, octubre 04, 2012

Celendín es un pueblo…




A Leslie y Azul y a las voces que me dieron.

El Congreso de la República aprobó el 20 de setiembre de 1862 la ley por la cual se crea la provincia de Celendín, norma que fue promulgada por el presidente Ramón Castilla el 30 de setiembre de 1862, durante su segundo mandato.

Recientemente Celendín celebró sus 150 años como provincia. La historia moderna de Celendín empieza con la fundación política de la ciudad, el 19 de diciembre de 1802, gracias a los esfuerzos previos del obispo de Trujillo Baltazar Jaime Martínez de Compañón y Bujanda, quien empujó el proceso de compra de una hacienda por sus arrendatarios (1783 después de su paso por Hualgayoc y Bambamarca), lo que culminó con el surgimiento de la actual población en una hermosa planicie única en su género.

La ciudad fue levantada sobre un trazado "a cordel" del ingeniero José Comesana, quien planificó calles rectas y manzanas de 80 varas por lado, lo que dio como resultado una ciudad hermosa y serena, de calles impecablemente regulares, el famoso damero o tablero de ajedrez al que Celendín ha sido tantas veces comparado.

Es un misterio el origen de muchos de los fundadores del pueblo. Se sospecha, por los apellidos y rasgos culturales, que en algunos casos se trataba de descendientes de familias galaico-portuguesas, tal vez de raíz judía o judío conversa.

Durante la época colonial, desde fines del siglo XVII y a lo largo del siglo XVIII, muchos judíos sefarditas que habían sido expulsados de España pasaron a América, ya sea por su cuenta o por cuenta de Holanda, que tenía planes de colonización en América del Sur e intentaba apoderarse de Brasil, empresa que fracasó.

Según una teoría en torno a los orígenes étnicos y culturales de Celendín, un grupo de judíos portugueses llegó hasta la zona en el siglo XVIII, se enamoró de la región y decidió quedarse.

Hoy por hoy Celendín es la provincia más destacada de Cajamarca y debido al conflicto surgido por el proyecto minero Conga su nombre se ha escrito en los diarios de todo el país, se ha pronunciado en todas las emisoras del Perú y del mundo y su fama una vez más ha cruzado las fronteras más insospechadas.

La mujer celendina es la de mayor belleza de la región, la calidad y  la fecundidad de sus escritores y artistas siempre han destacado y han trascendido a las páginas de la historia además de sus héroes y de sus afamados sombreros y el más sabroso chocolate del norte peruano.

Celendín a lo largo del tiempo ha demostrado ser un pueblo de gente noble pero de arrebatada virulencia cuando ve mellados sus derechos o vulnerados su principios, hablar de Celendín, es hablar de uno de los rincones por los que el tiempo se detuvo para dejar caer sobre este pueblo la dignidad de otros tiempos y la grandeza de una estirpe ya extinta.

Hace unos meses lamentablemente sus calles se vieron manchadas con sangre debido a las balas fratricidas de fusiles traidores, cuatro nuevos héroes surgieron entonces mientras por las calles los despedían miles de celendinos respirándoles en las nucas a los gendarmes y respirando en los cañones de las metralletas que los apuntaban. Ellos sin temor los miraban inermes, abandonados.

-Celendín es un pueblo en el que no he nacido, pero que lo siento desde la sangre, “El Cielo Azul del Edén”, Azul, como mi hija de cuatro años que estudia en un jardín de infancia de esa ciudad divina, Azul como la mirada de Luz, la mujer que conocí y con la que decidimos  unirnos para siempre un día, Azul como la esperanza de Leslie, mi hija mayor, quien siembra días nuevos en mi vida –

Celendín es un pueblo de calles delineadas, de hombres y mujeres con vidas delineadas, de costumbres rectas como sus calles y de gente buena como no la hay en ninguna otra parte del mundo.

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