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viernes, octubre 05, 2012

El domingo siete y su mala fama



La frase: “salió con su domingo siete se ha hecho tan sonada que es una denominación ya popular y consensuada para referirse a un embarazo no deseado. El colectivo lo asumió así hace mucho tiempo y como un acuerdo universal ha servido para referirse al acto mencionado como el domingo siete.
Hay quienes le atribuyen un significado de mala suerte, como si se tratase de un día en que el infortunio podría estar más que nunca de nuestro lado, que la mala suerte se levante y se acueste con nosotros. En realidad se trata solamente de especulaciones sin fundamento, muchas veces basadas en leyendas populares sin mayor trascendencia.

Siendo siete los días de la semana, es lógico que a uno de ellos le corresponda el número siete en algún momento. El consenso popular ha querido satanizar la fecha y hacerla trágica y muchas veces coincide debido a la expectativa mayor que en ella hay, pero las tragedias suceden un día cualquiera… lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado o domingo, indistintamente. Y los embarazos no deseados de igual manera.

Hablar de embarazos no deseados, es hablar de adolescentes de 11 a 17 años – aunque no siempre, pues pude suceder a cualquier edad-  que, de la noche a la mañana, despiertan siendo mujeres, de matrimonios apresurados y poco durables, de crisis económicas personales o de pareja y de afecciones graves de salud tanto para la madre como para el pequeño.

En el adolescente, repercute en su esfera social y familiar, sobretodo si es menor de 15 años. El embarazo no planeado puede provocarle serios trastornos biológicos e interrumpir su proyecto educativo. La necesidad de ingresar a un trabajo, generalmente mal remunerado, surge sin remedio; y la censura social en su contra y la de su familia puede llegar a convertirse en moneda corriente.

Una vez que la menor conoce la noticia, las consecuencias son diversas al igual que sus opciones. Es una realidad que pesa, les duele y las tortura psicológicamente. No todas las menores embarazadas se atreven a dar la cara ante su familia y, a una sociedad acostumbrada a la crítica vecinal, al chisme y al señalamiento. Generalmente son estos sentimientos de culpa, entre otros motivos, los que han orillado a niñas y mujeres a recurrir al aborto u otras alternativas igual de preocupantes.

Entre otras está la adopción o permanecer en la soltería para crear una familia disfuncional; existe también la posibilidad de un casamiento pero bajo el riesgo creciente de un fracaso. Finalmente, la decisión que ella tome siempre dependerá del apoyo que tenga de su pareja, su familia y de la misma sociedad, pero eso definitivamente, nada tiene que ver con la mala fama que se le atribuye al domingo siete.

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