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jueves, setiembre 06, 2012

Nuevo bullying en el Congreso



El Congreso de la República no dista en absoluto de un típico salón de clase de colegiales en donde se grita, se insulta, se hace desorden y las mofas son el pan de cada día. Al margen de los apelativos y motes que se han puesto a algunos congresistas que han hecho méritos para ganárselos como  “Comeoro”, “Robacable”… el desorden reinante es absoluto.

Ayer en el Hemiciclo, las congresistas fujimoristas Martha Chávez y Luisa María Cuculiza arremetieron contra el legislador disidente de Gana Perú, Jorge Rimarachín, a quien llamaron “zonzonazo” y “cobarde”, respectivamente como si de una plaza se tratara el lugar del debate.

El hecho se produjo porque Rimarachín dejó entrever que la primera había señalado en alguna oportunidad que las víctimas de La Cantuta se habían autosecuestrado. Mientras que en el caso de Cuculiza por haber insinuado que se trataba de una tránsfuga.

“Lo conmino a que demuestre eso porque si no lo voy a denunciar por difamación”, respondió Chávez. Mientras que Cuculiza afirmó que siempre fue fujimorista. “Tránsfuga será usted, zonzonazo”, le dijo, ante el aplauso y la euforia de los espectadores.

Rimarachín aclaró que Chávez solo había dicho que la ex agente del SIN Leonor La Rosa se había autolesionado. “En esa lógica yo me atrevo a pensar que los de La Cantuta se autosecuestraron y los de Barrio Altos se suicidaron”, dijo calmado ante el ataque que era refrendado con carcajadas y risotadas propias de una pandilla de vagos de cualquier esquina.

Este tipo de espectáculos ya se han hecho recurrentes en el congreso, no es novedad que ese espacio que debería ser un lugar de franco debate alturado y en el que se supone están las personas que representan a los casi treinta millones de peruanos, se convierte en una escuelita – misma escuelita del Chavo del Ocho-.

El ejemplo que proyectan los congresistas en conjunto es realmente patético, es tan culpable el que propicia el anatema como quien lo secunda con descomunales risas. En el Congreso está sucediendo lo que en el argot criollo se llama “coger a alguien de punto”, punto de las bromas, de los insultos y abusos, los que, al ser secundados por los demás adquieren un matiz ofensivo y funesto. ¿Cómo puede el Congreso legislar contra el bullying si es el centro de él con peleas televisadas y con insultos denigrantes ante todos los peruanos? Podemos discrepar del pensamiento del congresista por Cajamarca, Jorge Rimarachín, podemos ser incluso opositores a su línea política, sin embargo la posición de los congresistas de nuestro país debería ser más alturada y reflejar una cultura medianamente aceptable, un comportamiento sino impecable, al menos acercarse a ello.

Sin embargo, en realidad, no se pueden pedir peras al olmo, la cultura de la gran mayoría es incipiente y en algunos casos adolece de extrema pobreza, pocos de ellos, muy pocos, realizan publicaciones especializadas, se informan sobre la realidad peruana o saben por lo menos los nombres de los ministros y de los presidentes regionales del país. Mientras adefesios como esos nos sigan gobernando, seguiremos siendo el reflejo de sombrío de un país inculto y hemipléjico.

Balcon Interior

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