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martes, setiembre 25, 2012

El valor de la mentira



El asesinato de Ruth Thalía Sayas Sánchez, concursante del programa televisivo “El valor de la verdad” ha puesto en evidencia una oscura red de intereses que mueve a los medios televisivos por el llamado rating y los oscuros métodos que pueden usar para conseguir sus objetivos.

Pese a la acalorada defensa de sus compañeros del medio como Mónica Delta, Aldo Mariátegui, Nicolás Lucar, Peluchín y otros, han hecho para defender al canalla de Beto Ortiz, no han convencido a nadie.

Puede ser incluso que no exista penalidad alguna ni contra la empresa televisiva ni contra el periodista Beto Ortiz, pero la ley moral no perdona y ese tipo de programas deberían ser vedados. Tan asqueroso es como cualquiera de los que hacía Laura Bozzo, escarbar en la vida de las personas aún con su voluntad a cambio de dinero es violarlas, vejarlas para satisfacer el morbo colectivo.

Nadie puede negar el talento periodístico que tiene Beto Ortiz, pero nadie tampoco puede negar el alma oscura que lleva, aquella que lo hizo someter sexualmente a niños de la calle a cambio de un cuarto de pollo a la brasa, no contento con ello publicó un libro al que tituló “Maldita ternura” en donde narra todas sus hazañas cometidas con niños abandonados a quien además los drogaba. Beto Ortiz sigue vejando a las personas ahora desde un set de televisión a cambio de unas monedas que pagan los auspiciadores, de aquellos que promueven ese tipo de televisión basura.

Mientras que en nuestro país el hecho ha quedado como un caso más de feminicidio las legislaciones de otros países más sensatas y probablemente mejor aplicadas han hecho que acciones como esta, o al menos parecidas tengan drásticos finales, asi por ejemplo sucedió en Estados Unidos. El 6 de marzo de 1995, El show de “Jenny Jones”, una conocida presentadora de la TV estadounidense, presentó un capítulo más que polémico: “Same-Sex Secret Crushes” (“Flechazos entre personas del mismo sexo”).

A dicha emisión acudió el joven ingeniero mecánico automotriz Jonathan Schmitz, quien creyó que conocería a una bella chica que dijo ser su “admiradora secreta”. Sin embargo, esa chica resultó ser un chico llamado Scott Amedure.

En el programa emitido, Schmitz tomó con buen humor lo ocurrido; sin embargo, tres días después fue a casa del admirador y lo mató de tres tiros en el pecho.

En el juicio fue declarado culpable de asesinato. Sin embargo, Schmitz aseguró que lo hizo para remendar la humillación que sintió durante el programa.

Pero el jurado decidió que los creadores del programa y la empresa que lo produjo, Warner Bros., eran responsables parciales de la muerte de Amedure, por lo que fueron condenados a pagar US$4 mil millones. El show de Jenny Jones fue cancelado en el año 2002.

Sin embargo en nuestro país estamos a años luz de que sanciones así se apliquen, porque en el nuestro prima la indolencia, las leyes son para evadirlas y la indiferencia es la más grande de nuestras desgracias. Las mentiras valen mucho más que las verdades, el valor de cualquier mentira es superior y en mentir, los peruanos, somos invencibles.

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