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lunes, julio 02, 2012

Cada niño tiene su ángel




Mauricio tiene tres años, es un niño como todos los de su edad, inquieto y juguetón, se divierte con las sutilezas de la vida y con el paso de los días. Aún no está en el jardín de niños, por lo tanto aún es un niño libre, sin restricciones de horarios ni tareas para la casa. Mauricio es el hijo de Marleni, la señora que cuida a mi abuela, una mujer joven cuyo mayor tesoro es su hijo, a quien ama y por quien da cada instante de su vida.

Hace unos días Mauricio subió a la azotea con su madre y unas primas, un tercer piso de una casa amplia con aleros y un patio frontal al que se asoma la luz de las tardes por oriente para alumbrar a las plantas que mi abuela ha sembrado como un acto de amor y de continuidad de la vida.

Mauricio se encontraba en la azotea, jugueteando como siempre mientras Marleni, su madre, secaba unas piezas de ropa en los cordeles de la azotea que el viento agitaba con cadencia. De pronto un grito se oyó, se escuchó un ruido y Mauricio desapareció de la azotea. Todos se miraron en fracciones de segundos que duraron siglos, el niño no estaba, había caído desde el tercer piso y ahora se encontraba tendido en el suelo del primer piso, junto a la jardinera, junto al Volkswagen rojo en el que se estrelló primero antes de rodar hasta el piso.

Después de esos instantes todos bajaron hasta el primer piso, saltando las escaleras de dos en dos y hasta de tres en tres, bajar las dos series de gradas se hizo una odisea. Todo era incierto y el ambiente rancio olía a tragedia. Mauricio se encontraba tendido en el piso aturdido, asustado y adolorido, pero nada más. No hubo una gota de sangre. Fue trasladado de inmediato a una clínica donde se le practicaron horas y horas de exámenes, después a un hospital en donde se le practicaron nuevos estudios y exámenes. El niño no tenía nada en absoluto. Estaba muy adolorido pero no tenía una fractura ni raspón alguno. Todo era inexplicable.

Mauricio dice que se encontraba en la azotea y que vino su amigo Daniel –un personaje imaginario, porque en la casa no hay nadie de su edad y menos que tenga ese nombre – Daniel lo invitó a subir a su helicóptero pero luego de un rato el helicóptero se cayó y con él Mauricio. Nadie sabe de quién se trata, lo cierto es que fue el tal Daniel quien lo invitó a subir a pasear en un helicóptero, imaginario, que luego se desplomó pero que de alguna manera, por extraña que parezca, no le causó lesión alguna y hoy Mauricio juega feliz por cada rincón de la casa.

Según la literatura religiosa Daniel es el nombre de un ángel de la guarda cuya esencia que aporta es la elocuencia – Aunque Mauricio no sabe nada de esto, pues tiene tres años de vida y desconoce sobre ángeles, libros y esas cosas- La elocuencia de Mauricio es destacada – se puede decir que habla hasta por los codos, en argot peruano-.

En la vida siempre hubo, hay y habrá cosas inexplicables, situaciones que nos dejan absortos y que nos es difícil explicar con certeza. Lo cierto es que Mauricio cayó de un tercer piso y no se hizo nada – al menos así lo indicaron los exámenes, la tomografía y cuanta muestra se le sacó- Dicen que cada niño tiene su ángel y debe ser cierto. Sería hermoso que siempre lo tuviéramos con nosotros, más allá del tiempo de la niñez… Hoy Mauricio corretea por la casa feliz. Yo espero que Daniel no lo vuelva a invitar a subir a su helicóptero. No mientras no se repara esa falla misteriosa que hizo que el invisible artefacto caiga y con él, el buen Mauricio, quien hoy sabe que todo lo que sube baja, como lo sabe la nube, la lluvia y el mismo sol cuando amanece cada día.

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