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jueves, julio 26, 2012

Basta de botas en Cajamarca



Cajamarca ha soportado casi un mes de estado de emergencia, mientras los radicales de la derecha siguen pidiendo a gritos que se continúe con esa declaratoria, la gran mayoría de los cajamarquinos estamos en contra de un estado de excepción que solo genera temor y que proyecta una imagen negativa en todo el país.

Más allá del pedido de algún aventurero que ha dicho que Cajamarca necesita de este estado para que el turismo pueda ser atractivo, a ningún ser humano con sentido común le va a parecer atractiva una ciudad llena de soldados y policías y más si está adiestrados para golpear, patear, insultar como se ha visto en todas sus indecentes intervenciones a lo largo de estos días.

Amnistía Internacional en varias ocasiones ha solicitado al gobierno peruano que se disponga la prohibición a las Fuerzas Policiales de emplear armas de fuego, salvo que sea estrictamente inevitable para proteger la vida, como señalan los Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, aprobados por las Naciones Unidas en 1990.

Juan Jiménez Mayor, ha dicho que el suyo será un Gabinete dialogante y es lo que necesitamos los cajamarquinos y los peruanos en general después de la patética actuación de Oscar Valdés, quien será recordado como uno de los ministros más obstinados de la historia y por la estela de muertos que dejó por su impericia y su actitud dictatorial.

Otro que se sumó a ese coro de voces contrarias a la paz en Cajamarca fue Wilmer Calle, tristemente célebre recordado como el ministro de las “balitas de goma”, el hombre que pensaba que estábamos en Vietnam y ordenó disparar desde helicópteros a los hermanos de Celendín, - Así murió Joselito, de un balazo en la boca- Wilmer Calle  en los años 1986 y 1987 lideró el BIM Zepita Nº 7 acantonado en Baños del Inca, era una autoridad en Cajamarca, parece que de nada le sirvió pasar unos años por aquí; su actitud con esta región ha quedado registrada en las páginas del oprobio, la ignominia y la vileza.

Nos encontramos en vísperas de Fiestas Patrias, ad portas de los 191 años que festeja con alegría la libertad de nuestra nación, no podemos pasar esta fecha en estado de emergencia, aunque los masoquistas sigan pidiendo a gritos esa medida. ¿Cómo vamos a poder decir Somos libres seámoslo siempre? si tenemos a policías y soldados furiosos por las calles mentándonos a la madre por gusto y gana.

¿Cómo vamos a poder decir y ante niegue sus luces el sol? Si estamos en un estado de opresión rodeados de gente extraña que camina por las calles con ropas y armas extrañas. ¿Cómo van a caminar nuestros hijos libremente por las calles si a cualquier mequetrefe de esos uniformados se le puede escapar una bala?

Pasar Fiestas Patrias en estado de emergencia va a ser una experiencia degradante, humillante, al menos para los verdaderos peruanos, para los que sabemos el himno nacional completo y alguna vez, aunque sea cuando niños, lo cantamos con devoción.

Señor presidente, está bien que su formación castrense le haga creer que esos métodos funcionan, que la opresión puede dar resultados en los cuarteles y en las escuelas de suboficiales… los cajamarquinos somos gente más inteligente, nuestra vida no está supeditada a hacer ranas y planchas y a decir tres, cuatro cuando un brigadier dice un, dos…

Mande a sus “cachacos y tombos” – esas palabras todos las entendemos- a pasar  Fiestas Patrias con los suyos, deje ya en paz a Cajamarca y que las palomas vuelvan a volar sobre nuestras plazas sin temor a ser asustadas por las balas de ningún rifle homicida, que no hay razón para seguir infestando nuestras provincias de botas que dejan una estela de odio y resentimiento.

Balcon Interior

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