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lunes, enero 09, 2012

Cuando las rejas se abren en nombre del amor


El año nuevo nos ha llegado con noticias sobre pasajes amatorios en los que los protagonistas son personas que purgan condena en prisiones consideradas como las más seguras del país. El hermano del presidente Ollanta, Antauro Humala, ese rebelde con o sin causa que aprovecha el mediatismo que le otorga su apellido para hacer espectáculos fastuosos en una cárcel o un juzgado fue el primero en hacer noticia y su aventura de fin de año ocasionó muchas preguntas a sus custodios, muchas otras quedaron en el aire.

Antauro Humala cansado de la prensa confirmó que mantiene una relación sentimental con Haydee Ildarina Andrade –más conocida como Ina–, la rubia mujer que fuera vista realizando constantes visitas al apresado en el penal Piedras Gordas y en el Hospital Militar, donde se encuentra internado desde el 31 de diciembre último por “afecciones renales”.

La rubia tentación de Antauro Humala ha sido la portada de varios medios de comunicación en los últimos días, una escapada del exsoldado fue descubierta por un congresista y se corrió el telón. Se habló de un dolor de riñones que nadie se lo cree ciertamente.

Nadie va a criticar  la relación que pueda sostener Antauro Humala con la mujer a quien ama, lo cuestionable es que se engañe al pueblo y que algunos presos reciban un trato especial como sucede con él y el mismo Alberto Fujimori a quien las visitas no le caben en su agenda.

Otro caso emblemático ha sido el de Abimael Guzmán quien para variar este fin de año también la pasó con su pareja de los últimos años. El cabecilla y fundador de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, recibió la visita conyugal de su esposa, la también sediciosa Elena Iparraguirre, el pasado 21 de diciembre en su celda de la Base Naval del Callao, donde cumple su condena a cadena perpetua.

Este hecho, que trató de mantenerse oculto, coincide con los polémicos permisos de viaje al extranjero que otorgó el Poder Judicial a sentenciados por terrorismo que tienen libertad condicional.

En el Perú algunos presos tienen las cárceles más cómodas del mundo, con celulares a disposición, con televisión y cable, Internet, médicos de cabecera… y como si todo eso fuera poco, además permisos especiales para ir a otras prisiones, salir en fechas festivas o recibir cientos de visitas sin que nadie haga nada al respecto.

El jefe del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), José Luis Pérez, es un hombre muy condescendiente o quizás exista sobre él una presión inimaginable, nadie sabe lo de nadie. A veces las presiones pueden más que las intenciones y acaban doblegando las voluntades, eso los políticos lo saben como nadie.

No vamos a criticar el amor tras las rejas, seguramente que es un bálsamo que alivia la  atormentada alma de quienes están impedidos de su libertad, pero los métodos que se están usando para consensuar esas citas son ilícitos y los peruanos nos merecemos un poco de respeto.

Todos los días “se saca la vuelta” a la ley, es hora de que algunas cosas empiecen a cambiar, en nombre del amor y no del fervor político que se evidencia tanto en los últimos días del 2011 y en los primeros de este año que más allá de un almanaque no cambia en nada como lo habrá podido notar el INPE y todos esos presos a los que los privilegios les son ajenos.

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