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miércoles, agosto 24, 2011

Menos palabras tenemos, somos menos inocentes





…Y cómo vamos creciendo, para ser después la gente.
(Fedra y Maximiliano)

Si bien es cierto que Cajamarca es una ciudad que ha tenido un crecimiento desmesurado y nada planificado luego del boom minero a comienzos de los años ´90, también es cierto que todo ello ha conllevado a que sus necesidades sean mayores, sin embargo hablamos de un proceso de que ha tardado casi 20 años, tiempo en el que no se ha hecho nada para prever el problema del agua.

Una de las carencias más grandes que atraviesa la ciudad de Cajamarca es la falta de agua, el vital elemento se hace cada vez más escaso bajo el amparo cómplice de la empresa prestadora de servicio de agua potable SEDACAJ, la que a través de sendos comunicados pretende hacer creer a los cajamarquinos que el problema es de causa natural, es decir, es un tema de estiaje, falta de lluvias, temporada seca y hasta somos los culpables los propios vecinos, los jardines, los carros, etc.

Si bien es cierto que existe irresponsabilidad en cuanto al uso del agua por parte de la población, el tema de la falta de agua es mucho más profundo. Hoy por hoy hay menos agua que hace 20 años y la culpa no es de la naturaleza, la única culpa es la del hombre y sus técnicas cada vez más irresponsables para adquirir la “riqueza”, avalar ello y culpar a las lluvias es una irresponsabilidad condenable.

Si bien es preciso asumir que – nuevamente de una manera irresponsable – no se hizo nada por hacer crecer los sistemas y renovar y ampliar diámetros de tuberías en 20 años de bonanza, hoy es tarde para reparar en ello. El agua en Cajamarca se acaba como se acabó hace tiempo la inocencia de un pueblo que ya no tolera mentiras ni diatribas necias.

Un lema de la empresa de agua potable es el de “gota a gota el agua se agota” y es cierto, pero gota a gota la paciencia de los cajamarquinos también se agotó para siempre y nos cansamos de ver repetirse por años gestiones truculentas y corruptas que se suceden una tras otra en la empresa que es de los cajamarquinos y que hasta hoy no da una explicación sensata de cuál es la receta para evitar esta situación que se torna caótica y quiénes son los responsables.

En un buen negocio, en Cajamarca, se ha convertido la venta de tanques de agua, las azoteas están llenas de ellos, tanques inmensos de color negro que son el emblema de la sed de un pueblo que antes se ahogaba en el agua fresca de sus manantiales y sus ríos, en el agua que alguna vez fue canalizada desde el Cumbe para servir a los hombres que habitaban estas tierras y a quienes sí tenían un respeto por ella, en el agua del milagro y de Chontapaccha y de cada puquio floreciente.

Tenemos que esperar horas para poder recoger un poco de agua, para poder tener el agua tan vital en cada acto de nuestras vidas. Qué paradoja, que los funcionarios de SEDACAJ tengan tanta agua en sus tanques y no puedan lavar sus conciencias ni su vergüenza y salir a mentir en cada medio, a orquestar excusas y pretextos y que sea la lógica más simple de los hermanos del campo quienes les enmienden la plana.

Pueden seguir con sus mentiras, mintiendo al pueblo que “gota a gota el agua se agotó”. Hoy, como dice esa añeja canción cuyos versos titulan esta columna, menos palabras tenemos, somos menos inocentes, por eso es preciso aprender de los errores y recordar que Cajamarca así como es un pueblo muy paciente, hace tiempo que su paciencia se secó y se convirtió en gruesos terrones de amargura y de sed y que no está dispuesto a seguir creyendo a un par de mentecatos que tratan de explicar lo inexplicable con toda la coraza del mundo.


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