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lunes, agosto 08, 2011

Día Internacional de los Pueblos Indígenas



El 23 de diciembre de 1994, la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas decidió que durante el Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo se celebrara el 9 de agosto de cada año el “Día Internacional de las Poblaciones Indígenas”.
En esa fecha se conmemora el día en que el Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías celebró su primera reunión en 1992.
La Asamblea General proclamó 1993 Año Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo, y el primer Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo, que comenzó el 10 de diciembre de 1994 fue proclamado por la Asamblea, con miras a fortalecer la cooperación internacional para la solución de los problemas con que se enfrentan las comunidades indígenas en esferas tales como los derechos humanos, el medio ambiente, el desarrollo, la educación y la salud. El Segundo Decenio empezó en 2005.
Según datos del Foro Permanente para Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, hay más de 5.000 pueblos indígenas, que suman 370 millones de personas en el conjunto de la población mundial. De ellos, en torno a 50 millones viven en América, por lo que constituyen, aproximadamente, el 12% de los habitantes de la Región, alcanzando en ciertos países entre el 60 y el 80% del total nacional.
Ellos son el grupo eternamente relegado, los que no tienen acceso a la salud ni a la educación y que son víctimas inocentes de enfermedades nuevas, de maltratos legislativos avalados por leyes que nunca estuvieron enmarcadas en su espiritualidad y probablemente sea en estas poblaciones donde la pureza de la humanidad se mantiene vigente aún hoy que las sociedades “civilizadas” han colapsado y se han convertido en hordas tribales atañidas por la tecnología y el saqueo a la naturaleza.
Ellos, los indígenas,  son los dueños legítimos del agua que hoy pensamos es un bien eterno y que cual dioses queremos engañar a la naturaleza con la intención de saquear sus entrañas por riquezas que jamás nos darán de comer ni beber. Solo este grupo de humanos, llamados despectivamente indios son los herederos auténticos de esa naturaleza que llevó millones  de años en hacer una ligera modificación para darnos lo que hoy tenemos. La vida del planeta que se extingue por el descalabro de la moral y el manejo de las grandes economías a costa y a costo de todo.
El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envió en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Wáshington. A cambio, le  promete crear una "reservación" para el pueblo indígena. El jefe Seattle responde en 1855:
…¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña. Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.
La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.
Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un  salvaje y no comprendo…



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