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miércoles, noviembre 21, 2012

Más allá de los días…




A Leslie, mi hija.

Los días habían llegado en cadena. Esa tarde que llegué a esa ciudad desconocida era casi ya de noche, las luces de la ciudad se habían encendido y hacía frío. Yo te recuerdo parada junto a una reja de madera con una tristeza indefinida, tu chompa roja y una falda gris como la noche misma.

Al comienzo la vida no fue tan fácil como hubiéramos querido que lo fuera, pero sabíamos que iba a ser así y dejamos que el tiempo se encargue de traernos las buenas noticias y desdibujarnos las ausencias que otras personas habían sembrado en nosotros, en nuestras almas amodorradas por la tristeza de tantas ausencias.

En realidad los dos fuimos creciendo juntos y ese árbol de lúcuma que crece en nuestro jardín también lo hizo con nosotros. Nada fue fácil al comienzo porque éramos dos extraños en orillas distintas de la vida y una situación indefinida que nos había planteado la misma vida. Te he visto crecer y tú me has visto llorar.

Los días son buenos o malos según como uno los construye, nosotros decidimos asentar una pared de días felices que aunque no lo conseguimos siempre, lo intentamos todo el tiempo y reímos cuando tuvimos que reír y lloramos cuando tuvimos que llorar, otras veces simplemente dejábamos que nuestra alma seque a la luz del sol los días y que el tiempo dibuje los caminos nuevos frente  a nosotros.

Ambos tuvimos amores secuestrados, ausencias en el alma que nos hundían en la tristeza, pero juntos nos salvamos y dejamos de ahogarnos en ese lago incierto de la pena y ambos fuimos la madera salvadora  del otro hasta llegar a esa isla feliz que hoy habitamos con ternura y en donde la ausencia no existe.

Cada día es diferente, a cada instante hay una lección nueva que aprender. Yo quisiera que no te equivoques, advertirte que el mundo está lleno de peligros y que no quiero que tropieces como lo hice yo, pero lamentablemente es preciso que tú sigas el camino de las líneas que la vida ha reservado para ti, que te equivoques y que te levantes. Cuando quieras llorar tendrás mi hombro para hacerlo.

Quiero evitar repetir contigo los errores cometidos en otro tiempo porque tú me has enseñado que siempre se puede aprender y que nada es imposible y que es posible volver a comenzar. Cuando te veo reír sé que la vida es un lugar al que tuve que llegar para encontrarte y vivir un tiempo a tu lado, no hablemos de años robados. La vida estaba escrita así antes de que naciéramos, solo se han cumplido los designios de alguien que quiso que así lo fuera.

Mañana será otro día, un nuevo día que tendremos que esperar para vivirlo y darnos cuenta que nadie podrá entender mejor que nosotros que el tiempo no es otra cosa que nuestro afecto reunido en el umbral de la casa viendo llegar el sol desde nuestra propia sombra.

Yo quisiera que vayas por la vida sin llorar jamás, pero la vida está hecha de mañanas y de tardes, de días y de noches, de inviernos y primaveras. La vida es un contraste perpetuo. Yo quisiera que nunca te equivoques, pero si así fuera no aprenderías, aprendemos más de nuestros errores que de nuestras victorias, yo quisiera en fin que la vida sea para ti como el canto de las aves en la mañana pero el mundo es un lugar de contrastes y también la tristeza vive en él.

Hoy me siento que he vivido un poco más, que el tiempo no ha pasado siempre en vano y que tomado de tu mano la vida es un lugar más apacible y que en tus ojos anida la mirada de todo el tiempo que eres mi hija, que vives en mí como yo lo hago en ti y que eres la hija a quien amo y amaré más allá de eso que al final de la vida llaman muerte, mucho más allá.

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