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miércoles, junio 06, 2012

Las banderas que agitamos



Hoy se conmemora el Día de la Bandera, eso nos enseñaron desde que éramos pequeños en la escuela. Entonces era hermoso oír las historias de heroísmo y de valor junto al cuadro memorable de Francisco Bolognesi disparando su revólver hasta quemar el último cartucho.

El tiempo pasa y descubrimos que el Perú no solo tiene una bandera, que la vida está llena de banderas y de intereses y que al final cada uno agita la suya, cada uno hace la propia y le pone los colores que se le antoja bajo cualquier premisa o e ideología.

Empezamos con una bandera en la escuela, esa que es roja y blanca que se nos enseña que es un emblema y un símbolo de la patria, “el rojo de la sangre y el blanco de la paz”, canciones e himnos que nos llenan de patriotismo mientras uno es un escolar.

Se nos habla de la historia, de la primera que hubo que luego se cambió y de una más que también fue cambiada y surge entonces el sueño del general San Martín y su despertar bajo la palmera para ver las parihuanas volando.
Cuando el tiempo transcurre tenemos una bandera de nuestro colegio, una que nos identifica, otra de nuestro equipo de futbol, de nuestra ciudad, de la región… de todo aquello que simboliza nuestra realización como personas que tienen un origen y un destino.

La vida está llena de banderas y de intereses, cada día surge una nueva, cada partido tiene una propia y en ella sintetiza sus ideas y principios, sus intereses y sus frustraciones, rojas, azules, amarillas y blancas; las hay de todos los colores y de todos los tintes y cada quien la agita como quiere y cuando quiere.

Con el tiempo nos damos cuenta que al final la primera bandera que aprendimos es la que menos significa, la que menos interesa a todos y que cada día surge una nueva que se agita en los mástiles más disímiles, sagrados o consagrados o en simples astas de burdo palo o carrizo.

Unas flamean arriadas en mástiles de plazas públicas y son saludadas por generales y tumultos que la admiran como pasará ahora en muchas ceremonias y se recordará las luchas épicas que siempre hemos perdido los peruanos, los que perdimos todas las guerras desde la primera con Pizarro hasta la última con nosotros mismos.

Otras flamean pobremente, almidonadas o de papel bajo una lucha cualquiera que la convoque cualquier hombre. Al final todos somos libres – seámoslo siempre y ante niegue sus luces el sol… - Al final todos somos libres de agitar cualquier bandera bajo cualquier pretexto, con o sin razón.

Alguien descubrió una vez que era preciso  lavar la bandera como un  símbolo de desobediencia y de protesta muy fuerte, una invitación a cuestionar la política reinante y las banderas entonces se lavaron en las plazas y después se las puso a secar en lo alto de un mástil cualquiera, como cualquier bandera que se agita bajo una razón cualquiera en una ciudad cualquiera.

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