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lunes, octubre 04, 2010

Socorro de hierro y de papel



A Socorro Barrantes.


El tiempo se convierte en horas, las horas en días y los días van dejando una huella indeleble sobre cada acción que dejamos, sobre cada línea que escribimos. La vida no tiene sentido si pasamos por el mundo sin dejar una huella perdurable Socorro, lo sabes y por eso gasta su vida sirviendo a los demás.

Socorro descubrió un día que los caminos estaban hechos con piedras y espinas, que los inviernos eran más fríos cuando se trabaja en el campo y hay que enseñar a leer y escribir a niños sin desayuno, a niños cuyo mundo termina en el horizonte que alcanzan sus ojos.

Ella siempre fue una mujer distinta, caminante eterna de las sendas que la llevaban a los parajes más lejanos, ahí donde había una mujer explotada ella llegaba, ahí donde había una mujer llorando o herida ella aparecía con su voz tenue y con su canto, a dar un aliento de vida y a sembrar los derechos negados en medio de poemas y de historias que guarda en una caja de cristal… su corazón.

La vida es un ato de ilusiones rotas, pero también de otras que germinaron y se hicieron plantas, árboles después y hoy dan sombra. Socorro siempre luchó por las mujeres, aunque la vida a ella la haya dejado como al Venado herido de Frida Kahlo llena de heridas y decepciones, la vida siempre tiene una razón posterior y por eso ella aprendió a cultivar el tiempo como se cultivan las rosas, en esa casa llena de recuerdos junto a Cecilia.

No vamos a esperar el mañana para decirte cuanto te queremos. El mañana llegó, ya no estamos en 1994 cuando soñabas con hacer una Asociación de Poetas y Escritores que tu entereza logró Tú me enseñaste a caminar con Santiago - ese hombre a quien amo y con quien discuto siempre sin razón para después acabar llorando en el mismo rincón- Socorro de hierro y de papel.
Cuando veías al viejo Oscar Imaña bajando la calle rumbo a tu casa tenías miedo de ese señor feo, algo jorobado que gustaba embriagarse con su mejor amigo, tu padre; no sabías que era aquel al que Vallejo amaba más que a un hermano; hoy ellos ya no están, ya no podremos preguntarles nada.

-Cuando miro desde el balcón de mi habitación veo la calle y espero, espero ver la sombra de Oscar Imaña bajando rumbo al jirón Amalia Puga, pero no he podido hallarlo, es inútil la espera –

Un año siempre es una herida, un puñado de días que no regresan más. Por eso quiero decirte que Manuel Ibáñez va a ir a buscarte, Manuela Serrano y Santiago, iremos a buscarte llevando esa historia hecha de días en la que todos nos hemos cobijado bajo tus brazos, para protegernos de la lluvia y de las horas. Protegidos con tu amor de siempre.

No sabemos cuanto durará esta cena que es la vida, por eso es mejor no esperar más para confesar nuestras viejas heridas y acabar los poemas que nunca escribimos, antes de que el tiempo nos inunde y un día despertemos sin saber que estamos bajo un jardín de geranios.

Tú construiste los caminos llenos de libros que otros heredaron, esa hemeroteca que una mañana unos vándalos ignorantes abandonaron a mitad de una calle porque pensaban que eran periódicos viejos, sin importancia, sé que esa mañana lloraste y que nuestros gritos no sirvieron para nada, pero llegará el día Socorro, llegará.

Siempre hemos esperado que la gente se ausente para decirle que la amamos, cuando ya de nada sirven las rosas ni las palabras, cuando los te quieros sean solo pétalos caídos de la rosa misma de la vida. Ahora hay tiempo y te lo digo, sabes que te amamos y que la vida va pasando, tú lo sabes, como sabes que los cuervos apagaron la luz de tus Cantares para callar tu voz pero no van a poder, no podrán.

Hasta mí llega el rumor de tus pasos como una ola suave en la mañana, Socorro de Octubre, de hierro y de papel, Socorro de siempre.

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