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jueves, setiembre 30, 2010

Cada quien tiene su corazoncito


Terminó la campaña política, por fin estaremos libres de ruidos, perifoneos, caravanas, cláxones reiterativos y tonadillas de todo género vitoreando a tal o cual candidato. Podríamos decir que hemos vuelto a una tensa calma, por lo menos hasta el domingo en que concluyan las elecciones, después de lo cual otra vez caravanas saldrán a gritar celebrando el triunfo de alguien.
Hoy, día del periodista, más allá de la reflexiones y de las póstumas recordaciones, es preciso mencionar la simpatía individual que a lo largo de la campaña cada hombre de prensa demostró sublimemente en algunos casos, menos sublime en otros, como dijo alguna vez el para nada filósofo Alejandro Toledo “Yo sé que tú tienes tu corazoncito”.

Antes de que Alejandro Toledo fuera presidente tuvo un recordado debate con Alan García. Días después del debate, semanas antes de las elecciones,  la periodista Mónica Delta entrevistó a García en  “Panorama”, programa que ella conducía y que se emitía por Panamericana Televisión a nivel nacional.

En esa ocasión – comenta Laylah Ferreyra en un comentario sobre el libro “Minutos antes de las ocho” de la periodista Mónica Delta -  García insinuó que Toledo era un adicto y un alcohólico, despertando la furia, chola y sagrada, del entonces candidato de Perú Posible, quien embravecido llamó a Panorama e intervino generando el más memorable episodio televisivo de aquella campaña electoral. Él le endilgó el tema de las cuentas bancarias de García en el extranjero y cuando su desesperación llegó al punto máximo dijo: “Mira, Mónica, yo sé que tú, tú tienes tu coranzocito, pero no exageres”. Con ese acento pausado, aguardientozo e inconfundible.

Toledo hacía referencia al sonado tema de que la periodista fue la amante de Alan García durante su primer gobierno – No le permito señor Toledo, yo soy una señora – fue la respuesta que dio la periodista, días después Alejandro Toledo le hizo llegar una carta pidiéndole disculpas por su ofensivo comentario.

Pero el tema de fondo es que en un proceso electoral cada quien tiene una inclinación, que si bien a veces por la envestidura que llevan algunos personajes no deberían hacerla pública, pues es una velada apología, casi siempre sucede y es ya casi un ritual; en Lima por ejemplo, Alan García y Alejandro Toledo hicieron público su voto por Lourdes Flores, mientras que Ollanta Humala lo hizo por Susana Villarán, lo que no le hacía un favor a la candidata de Fuerza Social.

Anteayer por la noche en una entrevista propalada en el canal municipal, TV Norte, el periodista Jorge Pereyra, quien entrevistaba al alcalde de Cajamarca Marco La Torre, le pregunta por quien iba a votar, el alcalde se muestra al comienzo evasivo y aduce que no va a responder esa inquietud mientras se pone un sombrero que tenía tres espigas, tanto el sombrero como la espiga, símbolos de dos conocidos partidos políticos, lo que sin duda dejó a muchos con los ojos cuadrados.

Si bien algunas manifestaciones de esa naturaleza pueden favorecer a determinado candidato, en muchas otras las desfavorecen y le hacen daño.

La libertad de pensamiento nos otorga libertad de elección, de elegir lo que queremos; la democracia nos faculta el voto, ese voto que surge de nuestro corazoncito y que siempre o casi siempre -tiempo después- descubrimos que nos equivocamos una vez más.

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