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domingo, octubre 30, 2011

De difuntos y canciones bellamente criollas


Nuestra alienación nos hizo creer que pertenecemos a una sociedad distinta, que el fervor a las brujas es nuestra identidad cuando en realidad somos la mixtura de una raza identificada más con el mestizaje y lo criollo. Hemos empezado a cortar nuestras raíces sin darnos cuenta que son ellas las que nos sostienen a nuestra historia, a nuestro ayer y a nuestra raza.

No sabemos nada de la Noche de Brujas, una fiesta que no nos corresponde ni nos identifica, apenas la relacionamos con las películas que nos llegan desde otras partes del planeta, donde se nos siembra la idea del terror y del miedo, de personajes siniestros y  ritos paganos que solo han servido para las grandes cadenas comerciales del mundo y no para fortalecer nuestra cultura.

Estamos más vinculados al Día de la Canción Criolla, a Lucha Reyes, Los Embajadores Criollos, Los Kipus, El Cholo Berrocal, Chabuca Granda, El Zambo Cavero, Oscar Avilés, Verónica, Los Zañartu… y esa pléyade maravillosa que forjaron nuestro identidad musical luego de un proceso de fusión cultural. Estamos más vinculados a ello que a cualquier fiesta extranjera que se nos es impuesta y que no nos representa.

El Día de los Difuntos está más ligado a nuestras raíces que una alienada fiesta de Halloween de la que no tenemos más nociones que la representación de una bruja o un murciélago entre telas de araña. Somos un pueblo lleno de tradiciones y a veces nos vamos desconectando de ellas sin darnos cuenta. Las coronas, los bollos, los rituales, el agua bendita son el emblema de nuestra fe disímil y añeja.

Nuestros hijos ya no saben qué es el bautizo de un bollo, o el significado de coronar a nuestros muertos, de recordarlos con devoción en medio del bullicio del 1 y el 2 de noviembre, de limpiar sus tumbas y llevarles flores para recordarlos como no lo solemos hacer casi nunca.

Nuestros hijos desconocen esas fiestas de compadrazgos que nos heredaron nuestros abuelos cuando se bautizaba a un bollo de azúcar o de pan, del significado de rememorar ese día a quienes nos precedieron, quizás nunca lo sepan si seguimos con esta cultura alienante que hace que nos avergoncemos de lo que somos y que copiemos moldes extranjeros que no se ajustan a nuestra realidad ni a nuestra historia.

La juventud aprende cada día música en otros idiomas y empieza a desconocer los orígenes de nuestra música, de Pinglo, de Calvo, de Polo Campos, de Chabuca… Es momento de reformular hacia dónde vamos y de rescatar nuestra heredad cultural. Nosotros somos los únicos que podemos rescatar nuestras tradiciones, podemos aún revalorarlas y mostrarlas al mundo, como sucede en México, Ecuador, Bolivia… lugares a donde la alienación ha llegado en menor escala y donde se sienten orgullosos de sus costumbres, de su oralidad, del tiempo que pese a que los golpea no les hace perder la fortaleza de su historia y que ven con sobriedad su historia reflejada en su presente y en su mañana.

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