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martes, julio 31, 2007

De los falsos héroes de la patria hasta farsantes de otros linajes




Cuando tenía seis años, uno de mis libros de lenguaje tenía una foto impresionante era la imagen de un cuadro a colores de Francisco Bolognesi luchando ya caído, a punto de quemar el último cartucho. Era hermoso pasarme largas horas imaginando esa batalla desigual, que siempre nos enseñaron a aprenderla con rencor y odio.

Bolognesi es probablemente, junto a Miguel Grau el héroe más importante que en La Guerra del Pacífico, desde el lado peruano, recordamos. Historia belicoso y llena de sinsabores donde no podemos dejar de censurar la actitud rufianesca de Mariano Ignacio Prado quien luego de reunir los fondos para comprar barcos y armas en Europa, partió cruzando el Atlántico y se quedó allí para apropiarse del dinero y del mandado, no volvió hasta 1887, después de la Guerra y nunca dio una explicación de su in conducta. Más manilargo que él, solo Fujimori.

Sin embargo nuestra historia está plagada de héroes no tan ciertos y otros tantos olvidados. Un soldado raso nunca fue reconocido porque había que otorgarle el mérito a un alto oficial y muchos de ellos solo pasaron a la gloria a veces por despistados y otras por mentirosos.

El Coronel Alfonso Ugarte puede que no se haya lanzado del Morro de Arica, Eso decía mi profesor Fermín Saavedra en un colegio Marista donde estudié secundaria, y tenía razón, el caballo ante el tumulto belicoso, el fragor de la lucha y el estruendo de los cañones bien pudo huir despavorido hasta desbocarse en el abismo.

Otro personaje de ascendente carrera fue Leoncio Prado, hijo de Mariano Ignacio Prado, el equivalente al Kenyi de los años 90. A los doce años, Leoncio Prado ya era cabo en el Regimiento de Lanceros de la Unión. A los trece años dejó el Colegio Guadalupe para combatir contra los españoles en la escuadra que navegó al sur de Chile y participó en el combate de Abtao, fue ascendido a Guardiamarina. Luego participó en el combate del 2 de mayo de 1866 en el Callao y fue ascendido al grado de Alférez. A los dieciséis años exploró las grandes vías fluviales de la selva al lado de hombres como Tucker, Werthermann y Tabarra. Empezó meteóricamente por ser el hijo de papá, sin embargo no puede negarse su inmolación y su paso a la historia.

Miguel Iglesias sería uno de los héroes que no fueron tales y que más bien lo que perseguía era el bienestar económico, proteger sus extensas cantidades de terreno y evitar el saqueo en su tenencias territoriales antes que salvar al Perú de una guerra brutal y desigual, tal es así que es tristemente recordado por se el autor del “Grito de Montán”, con el que se abrió paso a las negociaciones de paz durante la Guerra del Pacífico y la entrega de Tacna, Arica y Tarapacá a Chile.

La lista es amplia y tiene raíces profundas. Atahualpa por cobarde, Filipillo por traidor, Chocano por sentirse más español que peruano en una etapa ya Republicana, Vargas Llosa por dejar la nacionalidad peruana y demoler su casa de Barranco luego de perder las elecciones, Fujimori por apátrida y ladrón, Toledo por iluso y soñador.

Por eso Humala quiere ser un héroe, Tongo un cantante y Gisela una estrella, por eso cualquier mequetrefe incursiona en la vida diaria de nuestro Perú, en la política, la farándula o las artes.

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