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jueves, julio 05, 2007

“Chuponeo”: Del espionaje telefónico al espionaje cibernético




Hace un par de años trabajaba en una empresa que se encuentra a solo unas horas de esta ciudad, en un pueblo casi olvidado, era una empresa que no era muy grande pero cuyos funcionarios padecían insomnios afiebrados y usaban las más bajas estrategias con tal de mantener espiado al personal a su cargo.

Dentro de las prohibiciones absurdas que esta empresa tenía era la de vedar cualquier tipo de relación afectiva entre sus trabajadores, es decir, estaba prohibido el enamorarse, pasear luego de las cinco de la tarde ya que el día de labores concluía a esa hora. Durante la oscuridad de la noche vigías expertos merodeaban husmeándolo todo para detectar algún movimiento sospechoso y sancionarlo en el acto.

Como parte de las horas de esparcimiento con las que contábamos, teníamos acceso a un salón con cabinas de Internet, lo que luego de esa presión laboral tormentosa era un verdadero alivio. Cada uno usaba las máquinas por turnos y se desahogaba contándolo todo por Internet a algún amigo conectado al Messenger, pero la canallada y la vileza de los encargados de la empresa era tal que habían instalado un programa especial para grabar cada conversación y enviarla a una computadora predeterminada, entonces todas las conversaciones eran minuciosamente revisadas por una persona que asumo debía contar con bastante tiempo para revisar cada una de nuestras conversaciones por apasionadas o simples que estas sean.

En los tiempos del fujimontecinismo las intervenciones telefónicas eran pan de cada día, políticos, empresarios, artistas, y gente común eran espiados telefónicamente sin el menor reparo, violando de la manera más vil la privacidad e intimidad de las personas. Es una violación, un delito configurado en el código penal que va más allá del mero chisme o de escuchar una conversación ajena, pues esto es premeditado y calculado con frialdad.

El programa o software con el que se chuponea las conversaciones por Messenger es sencillo de instalar y de configurar, sin embargo es un hecho penado por la ley civil y de hecho por la ley moral, una bajeza sin nombre, digno solamente de las mentes más pobres y bellacas.

Si es de mal gusto escuchar una conversación ajena tras de una puerta, es peor grabar las extensas conversaciones de los trabajadores de una empresa para luego leerlas secretamente, peor aún grabar las conversaciones íntimas y ardorosas que uno puede tener con su novia o persona a quien ama.

Sin embargo la mente humana es tan enmarañada que a veces no se puede comprender la complejidad de las profundidades soterradas que se esconden en cada individuo.

Por eso sería bueno tomar ciertas precauciones cuando conversa por el Messenger ya que puede tener un jefe de área con serias patologías, quien se regocijará más tarde al leer sus conversaciones sean estas nimias, iracundas, simples, amicales o calenturientas.

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