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jueves, junio 23, 2011

Tantas veces campesino


Como cada 24 de junio se esboza una sonrisa y no faltan los discursos bonitos que hablan de integración, de igualdad y de la fraternidad entre los hombres. Se habla de felicidad y de un día especial en que el sol baila.

Hoy se hablará, por ejemplo, del sacrificado trabajo que significa la labor en el campo, quizás algún político oportunista  entregará algunas herramientas y se hablará de un seguro integral para quienes labran la tierra y la fecundan con ternura.

Poco o nada se dirá sobre  que los campesinos representan el sector más discriminado de la sociedad peruana, ese grupo que hace colas sentados en las veredas de las calles para acceder a un banco y cobrar esa propina que da el Estado bajo el nombre de programa de ayuda social.

Los campesinos son ese grupo de personas que son extorsionadas por las autoridades a cambio de un Vaso de Leche – otro programa social manipulador y abusivo-, los rezagados en los sistemas de salud y en los programas educativos.

Siempre han sido y aun son esa estirpe relegada con la que nadie quiere compartir el asiento, a los que se les los tilda de “huachafos” por que visten ropas multicolor que sintetizan nuestra historia y la fusión de lo andino y lo citadino.

Ninguna política los tuvo en cuenta, solo fueron manipulados cuando los candidatos querían votos, ahí se acordaban de ellos y les llevaban arroz o fideos, azúcar o fósforos con sus rostros y los nombres de sus partidos estampados en las cajas.

Hablamos del hermano campesino sin sentirlo, repetimos esa frase por ecolalia y nos olvidamos de la verdadera esencia y significado de esa palabra, olvidamos nuestras raíces, nuestro mismo origen que de ellos fue la tierra siglos antes que notros la poseyéramos.

Mucho se habla del Día del Campesino y del Día del Indio, esa raza que es nuestra esencia y a la que le debemos nuestra existencia. Somos un país de mixturas en todo, en la gastronomía, en el idioma, en cultura y esencialmente en nuestra raza.

Solo cuando enseñemos a las generaciones nuevas que los campesinos no son gente inferior y que a ellos les debemos la presencia de nuestros alimentos en las mesas, a ellos les debemos nuestra hambre aplacada; solo ahí podremos conmemorar una fecha que hasta hoy solo ha sido una oportunidad para que los políticos figuren y se disfracen con ponchos o sombreros, bailen torpemente y den abrazos fingidos a ese sector tan menospreciado.

Los campesinos representan una gran población en nuestra patria, en nuestra región son la mayoría, gente que vive en el campo, en las zonas rurales, sin los servicios elementales ni acceso a programas básicos. Ellos son esos niños grandes que se sorprenden en las ciudades, ellos son los humildes, los callados, a quienes se les arrebató su historia y se los condenó al destierro.

Decir Feliz Día del Campesino en un país donde todo el mundo los “cholea” es un acto hipócrita y así será mientras no modifiquemos nuestros conceptos, mientras no recordemos nuestras raíces, mientras no revisemos nuestro árbol genealógico y descubramos que somos iguales, que somos peruanos y que la patria solo es un lugar que nos pertenece a todos por igual.

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