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domingo, junio 26, 2011

Sin querer queriendo


El programa cómico más universal de la televisión cumplió 40 años desde su primera emisión al aire, noticia que saturó los medios televisivos con especiales y homenajes recordando los momentos más importantes de la serie que ha significado más de 4 décadas de humor sano, para millones de televidentes, de varios países más allá de la barrera idiomática.

Y es que el Chavo del Ocho marcó un hito en la televisión y puso un sello en la vida de millones de personas que lo han seguido y aun ahora lo siguen por más de cuatro generaciones. Si cada tres minutos se escucha Yesterday de Paul McCartney en el mundo, con la misma frecuencia se ve un programa del Chavo, Chespirito, el Chapulín o toda esa magia de personajes que empiezan con la letra Ch y que son la obra de Roberto Gómez Bolaños.

Esa vecindad mexicana, comparada con una quinta peruana, reúne a personajes entrañables que con el paso de los años fueron diversificando sus actos y escenarios y surgió Chespirito con un humor blanco que fue entendido así en el Perú y en la China, en Portugal y Rusia. La vecindad del Chavo del Ocho trascendió todas las fronteras y se convirtió en un clásico del humor que se heredó generacionalmente.

Los mexicanos han tenido siempre ídolos populares diversos y de extractos sociales muy arraigados, así fue con Pedro Infante, lo mismo pasó con Mario Moreno Cantinflas y Roberto Gómez Bolaños se perfila como uno de esos iconos que marcan una época y que hacen de México una verdadera industria del cine y la televisión.

En el 2006 el genial cómico azteca publicó sus memorias, libro que se agotó rápidamente y que requirió de varias ediciones para satisfacer a sus miles de lectores. El libro titulado “Sin querer queriendo” cuenta con lujo de detalle los hechos más importantes de esa carrera que empezó a los 42 años, cuando muchos otros ya se habían encerrado en sus cuarteles de invierno.

Y fue sin querer queriendo que nació el Chavo del Ocho y esos personajes inolvidables que nos hicieron reír a diario y que nos hicieron llorar tantas veces – ¿quién no recuerda al Chavo en el patético capítulo cuando lo acusan de ratero y lo echan de la vecindad? O el final del Chavo en Acapulco, que además fue el último capítulo que grabaran, juntos, esa pléyade de estrellas –

Pero al fin y al cabo somos seres humanos y los hombres llevamos en nosotros esa mala levadura, como habría dicho Rubén Darío en Los Motivos del Lobo; y surgieron las discordias entre los actores y el creador de los personajes y se separaron poco a poco, otros fallecieron y nos dejaron ese legado cuantioso de más de mil programas que pese a que los hemos visto todos y los sabemos de memoria no cansan; será quizás porque no hay nada grotesco, porque se hace reír con nimiedades, con palabras simples y sencillas.

Walt Disney decía que Mickey Mouse y Donald, Daisy y Pluto existían en un lugar del universo al que él de cierta forma pudo acceder para dibujarlos y darles vida y entretener a varias generaciones, quizás todo eso sea cierto, tal vez cada cierta cantidad de años nace un ser especial capaz de entretener y hacer reír con métodos blancos y casi absurdos, por eso existió Chaplin, Cantinflas, Chespirito…

Dicen que las cosas más bien logradas son las impensadas, las que surgen espontaneas sin premeditaciones ni planificaciones, las que salen en un momento inesperado como una risa  o una lágrima, aquellas que simplemente brotan sin querer, aunque sea sin querer queriendo.

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