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jueves, noviembre 11, 2010

Los ochentas (Tercera Parte)


Al rememorar los principales negocios de la década del 80 habíamos omitido involuntariamente algunos que son verdaderos emblemas, memorables establecimientos con personalidad e historia. Cómo olvidar por ejemplo la librería del Sr. Ramitos ubicada en el jirón Lima, librería que era atendida por el insigne propietario, con libros originales pues la piratería era una utopía, el enamorador tendero solía entregar caramelos y piropos a sus clientas; caramelos que luego cargaba a la cuenta, además recomendaba libros, hombre leído y amable.

Junto al lugar estaba  la librería Bozo, testigo de muchas tardes de chiquillos desesperados buscando las figuritas del álbum de moda, cambiando las duplicadas o repetidas con las que no se habían conseguido, esperando que otro niño llegue con la ansiada figura que faltaba y el clásico estribillo: yala, yala ¡nola!…

Cerca al establecimiento del Sr. Ramitos se encontraba la que a la postre era la única heladería propiamente dicha de Cajamarca, se llamaba Capri y su logotipo se distinguía por unas letras anaranjadas con estrellitas, era dirigida por un displicente “gringo” que echaba bocanadas de humo mientras sus clientes saboreaban los exquisitos helados.

A solo unas cuadras de la Plaza de Armas, en el jirón Lima se encontraba una tienda de blondas y botones regentada por un amable hombre de extraño acento que solía jugar ajedrez con ahínco. (Y ni hablar de la tienda El Botón en el jirón Amazonas junto a la puerta del mercado, la que lucía un botón tan grande como una llanta, el ícono estaba colgado en el exterior de la tienda).

Entre los jirones José Gálvez y El Comercio se encontraba el local de El Correo, imprescindible para las cartas y misivas, sobres blancos con bordes rojos, punto de encuentro de carteros y de seres que con esperanza pegaban sus estampillas y dejaban sus afectos en papeles esperando sus respuestas con los días.
Junto a la ferretería Caballero Hnos. Que ya citamos estaba el Cenecape Cajamarca dirigido en esos años por Doña Fidelia Becerra, tres años para obtener un Título A Nombre de la Nación en Corte y Confección, además de una escuela de pintura en el traspatio.

En el mismo jirón Lima antes de llegar al jirón Juan Villanueva el infaltable estudio fotográfico DACS, sobreviviente de esos tiempos hasta ahora, único que hoy produce fotografías en hilo y que ha retratado a miles de rostros cajamarquinos y cuya galería de fotos de su sala no ha variado en décadas. El tiempo se detuvo en sus fotografías.

Cajamarca tenía otros lugares emblemáticos de los cuales siempre faltará tiempo para recordarlos: La librería Studium en el jirón Tarapacá, El Club de ajedrez en el mismo jirón; en una casa hoy derruida. La farmacia Uceda, La juguería La Florida (en la misma Plaza de Armas lugar que hoy aún se mantiene casi intacto) La vidriería Aguirre en la esquina de Dos de Mayo y Amazonas, aquel Sr. Que vendía diarios en una silla de ruedas y que usaba un sombrero de paja, Basilio Campos Sucesores, Cosme Alva León, Walbur. Los fotógrafos de la Plaza de Armas; aquellos de cámaras con trípode de madera y manga, mostrador de fotografías no recogidas además de caballito (también  de madera y sombrero).

Dos panaderías emblemáticas como  San José en el barrio del mismo nombre y San Martín en el barrio San Sebastián, una panificadora en la cuadra tres del jirón dos de mayo, una piscina semi-congelada en el barrio Chontapaccha, la librería Católica con puerta hacia la plaza en donde ahora hay una ventana… Todo recuerdo siempre es corto ante tanta nostalgia que evoca la memoria.

Balcon Interior

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