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domingo, enero 20, 2013

¿Qué culpa tiene el tomate de estar tranquilo en la mata?



La semana pasada se desató el escándalo, Digna Sánchez de Espinoza, abuela de la congresista Marisol Espinoza quien vive en un asentamiento humano de Piura, cobraba la pensión 65.

"Todos mis hijos son buenos, me ayudan con algunas cositas", comentó la mujer en un noticiero que la ubicó en su domicilio, ubicado en el asentamiento humano Primavera de la norteña ciudad.

La ancianita contó que se casó muy joven y que ha tenido 24 hijos, de las cuales 10 le quedan vivos y que ahora vive de los bordados de la elaboración de algunos juguetes que vende.

"Ollanta me paga 150 soles", contó sobre los bonos de Pensión 65 que cobró durante varios meses y que en total sumaron sin S/.1,200. Esa fue la noticia que incendió la pradera, de inmediato todos se rasgaron las vestiduras y Marisol Espinoza piso el palito.

Los requisitos para acceder a Pensión 65 son claros: Tener 65 años a más. Vivir en situación de extrema pobreza, de acuerdo a la evaluación realizada por el Sistema de Focalización de Hogares - SISFOH. No recibir ningún tipo de pensión ni estar afiliado a Essalud. Contar con DNI vigente. No pertenecer a ningún programa social, excepto los siguientes programas: Sistema Integral de Salud (SIS), el Programa de Alfabetización y Programas de Asistencia Alimentaria.

La abuela de la congresista Marisol Espinoza aparentemente cumple los requisitos que la ley estipula, vive en extrema pobreza y eso es evidente al ver el video que muestra la precariedad en la que la anciana vive en un pueblo joven del norte peruano.

El pedido de desafiliación de la anciana, por parte de la congresista Espinoza resulta absurdo, ridículo y mezquino como los argumentos de las bancadas que han criticado que la anciana esté inscrita en ese programa social cuya finalidad es la de ayudar a los mayores de 65 años que cumplan los requisitos citados y que otorga una subvención económica de 125 nuevos soles mensuales, los cuales son entregados cada dos meses a los adultos mayores.

El hecho de que la abuelita de Marisol Espinoza esté inscrita en el programa social podría atribuirle a la congresista un cuestionamiento por omisión o por abandono a un pariente, podría ser un error ético y moral pero no constituye un delito, por lo tanto el pedido de desafiliación de la pobre anciana resulta repudiable.

Mucho ruido y pocas nueces, la prensa lanzó una noticia amarillenta y surtió efecto inmediato en contra de una pobre mujer que a todas luces necesita esa pensión y que contó y abrió la intimidad de su hogar a un par de periodistas malintencionados y errados, porque no existía falta alguna.

Todos tenemos parientes ricos y parientes pobres, no es un delito tenerlos y negarlo resulta una postura mediocre, ni Marisol Espinoza tiene la culpa de ser la nieta y de haber llegado al Congreso y a la vicepresidencia de la República; ni doña digna de ser la abuela de una persona que pese a tener una posición económica sólida la ha olvidado y hasta se avergüenza de ella.

Finalmente, hasta hace unos días la señora Digna Sánchez de Espinoza era feliz haciendo sus bordados y sus tortugas de trapo en su norteña casita, esperando que llegue el fin de mes y el del siguiente para cobrar 250 míseros soles que nadie se los iba a dar, hoy se los han quitado… como dice esa vieja canción: Qué culpa tiene el tomate de estar tranquilo en la mata…

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