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domingo, enero 27, 2013

Del carnaval y sus tristezas



La idea de la Municipalidad Provincial de Cajamarca de cercar la pileta de la Plaza Mayor o Plaza de Armas de Cajamarca resulta muy apropiada luego de los hechos que sucedieron el año pasado en donde un grupo de vándalos la tomó por asalto y trepados en ella le causaron serios y graves daños al monumento que recientemente había sido restaurado con una fuerte inversión económica.

Lamentablemente tenemos serias carencias culturales y prueba de ello es el irrespeto con que se tratan a los monumentos durante el ingreso del Carnavalón, las huellas hechas con esmaltes y diversos tipos de pinturas se quedan impregnadas a lo largo de la ruta por dónde atraviesa el dantesco espectáculo.

Pese a que existían videos y fotografías de los destructores trepados en la pileta nadie fue sancionado ni juzgado siquiera por el lamentable suceso, hubo mucho ruido y pocas nueces.

El facilismo con el que algunas autoridades actúan es sorprendente, el año pasado luego de los tristes sucesos se trató de culpar a la Dirección Regional de Cultura como si la arquitecta Carla Díaz fuera la responsable de los permisos municipales que autorizan esos lamentables espectáculos bajo el aval de una fiesta popular y tradicional.

La escaza cultura de muchas familias se evidencia y hasta se firma, como aquellos que se apoderan de las vías públicas con el pretexto de “guardar lugar” para ver espectáculos como los desfiles y concursos de comparsas y patrullas y además de poner una o varias bancas en la vereda tienen la desfachatez de escribir el apellido de las familias infractoras en los muros de las iglesias, por ejemplo. Ese tipo de actuaciones condenables merece una sanción ejemplar y la municipalidad puede hacerlo y la Policía Nacional y el Serenazgo tienen la obligación que hechos de esa naturaleza no se repitan como suele pasar todos los años.

Podemos negar si queremos que todos estos hechos suceden por nuestras limitaciones culturales, más allá de nuestra tradición y la esencia popular, lamentablemente nos falta mucho para semejarnos en algo siquiera a otros carnavales y fiestas populares que nos llevan años luz, como sucede con la fiesta de La Candelaria, solo en esa fiesta se mueven cincuenta millones de dólares, en nuestro carnaval no llegamos ni a uno y con serias dificultades y muy poca transparencia.

El carnaval se ha degenerado y se ha convertido en grandes borracheras colectivas al son de unas coplas cada vez menos virtuosas, si bien antes la picardía de sus versos eran atractivos y coloridos renglones creados para divertir hoy son un puñado de vulgaridades que violentan la imagen de la mujer, la ridiculizan y resultan patéticos y vergonzosos mensajes impropios de ser cantados en  cualquier reunión.

En conclusión, una fiesta a la que consideramos como la más representativa y que debería ser la síntesis de nuestra tradición y cultura, es todo lo contrario.
En un mundo que agoniza seguir talando árboles para sembrarlos de nuevo y bailar alrededor de él resulta una aberración.

Si bien algunas tradiciones, como la elaboración de la chicha y de ciertas comidas propias de carnaval se mantienen vigentes, la gran cantidad de ellas se han perdido y desvirtuado y extrañas fusiones surgen dejando una estela triste y vergonzosa.

Balcon Interior

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