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lunes, mayo 02, 2011

Obama, Osama, Hossana




¿Qué tienen de parecido esas tres palabras? La primera es el apellido del presidente de Estados Unidos de Norteamérica. La segunda el nombre del líder de Al Qaeda la tercera proviene del arameo, que es la lengua que hablaba Jesús, y que hablaban los primeros cristianos de Jerusalén. Al pie de la letra, significa “sálvanos, te lo pedimos”, palabra muy usada en el cristianismo. Algo más ¿sabe cuál es el segundo nombre de Barack Obama? Hussein. Se llama  Barack Hussein Obama como el político y militar iraquí que puso en jaque la paz mundial y que fue ajusticiado en el 2006.

El aniquilamiento de Osama Bin Laden ha significado para el mundo una noticia relativamente confusa, primero porque se habla de que se eliminó a alguien de quien no se mostró su cadáver y se lo lanzó al mar para evitar que se erijan altares. Segundo porque hay que recurrir a la violencia para pacificar el mundo.

¿Cómo podremos hacer entender a las generaciones nuevas que para que haya paz en el mundo tengamos que recurrir a los asesinatos selectivos?, es una contradicción que no va a ser fácil comprenderla, mucho menos explicarla.

El atentado imperdonable del 11 – S fue una de las tragedias provocadas que el mundo más recuerda con terror e indignación, casi tres mil personas murieron en un atentado suicida que paralizó al mundo y que marcó un antes y un después.
Cuando en el colegio nos enseñaron las edades de la historia universal no sabíamos que seríamos testigos del hito que abarcaría una nueva era y así fue. El mundo cambio después del 11-S, los aeropuertos del mundo no volvieron a ser los mismos y el miedo se apoderó de las potencias más grandes del mundo, se había vulnerado el sistema de seguridad más sólido del mundo y con un saldo fatídico.

Desde el 11-S los conceptos de lucha antiterrorista cambiaron en el mundo. Nada ni nadie estaba seguro en ninguna parte, casi después de una década el hombre que se regocijó por lo sucedido aquel día ha sido eliminado para pena de pocos y alegría de muchos. Al Qaeda ya ha lanzado sus amenazas a occidente y a los líderes más importantes del globo. Nos encontramos quizás ante una guerra anunciada que podría ser la última.

La muerte de uno de los terroristas más grandes de la historia, Osama Bin Laden, ha puesto en alerta al mundo entero ante el temor de represalias por parte de grupos extremistas. Según los cables de Guantánamo filtrados por la ya célebre Wikileaks, Al Qaeda iniciaría una guerra nuclear e incluso tendría bajo su poder un aparato nuclear que detonaría en EE.UU. ante la muerte de Bin Laden.

Uno de los cerebros del atentado del 11-S, Khalid Sheikh Mohammed, habría estado involucrado en la planificación de ataques a plantas nucleares norteamericanas. Asimismo, el detenido en Guantánamo habló sobre la intención de Al Qaeda de iniciar una “tormenta infernal nuclear” en América cuando sucediera el asesinato de su líder.
Mientras los países del mundo se solidarizan con la acción, hay quienes no la han avalado y hasta la han condenado, como el dictador Hugo Chávez, por ejemplo, quien ha condenado las manifestaciones de algarabía luego de la difusión de la noticia.
El presidente peruano, Alan García Pérez, no podía permanecer ajeno al hecho y ha dicho a la prensa que el “primer milagro” del hoy beato Juan Pablo II “ha sido extirpar de esta tierra a la encarnación demoníaca del crimen del mal y del odio” disparate que seguramente la Iglesia Católica no ha avalado, - no imaginamos a un Juan Pablo II deseando la muerte de nadie -.
Nos encontramos en un momento tenso para la paz mundial, no se sabe a ciencia cierta que sucederá en las próximas horas. Lo cierto que es el planeta luego de los huracanes, calentamiento global, terremotos, erupciones y tsunamis no está en condiciones de sufrir una hecatombe nuclear.
Quizás los mayas tenían razón y a medida que pasan las horas y los días nos acercamos a esa fatídica fecha que dicen será el inicio de una nueva era o del volver al comienzo de todas las cosas, borrando antes todo lo hecho y empezando de nuevo desde el comienzo de los tiempos, es decir, desde la nada.

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