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martes, enero 04, 2011

Duendes Republicanos


Las elecciones pasaron, pasó el fragor de esa batalla vil que fue la campaña política en donde varios partidos políticos –valga la redundancia- se enfrentaron en una guerra abierta. Una guerra sin cuartel que dejó muertos y heridos, que dejó heridos leves pero también decapitados. Como suele suceder en toda guerra siempre existen los buenos y los malos. Los malos siempre en el equipo contrario al de los buenos, aunque nunca se sepa a ciencia cierta cuál de los dos grupos es el de los buenos, eso siempre es relativo; luchamos siempre por los buenos y el otro bando siempre será el de los malos; aunque estemos equivocados, porque siempre creemos tener la razón.

Entonces los duendes aparecen de repente, amnésicos, olvidados de los disparates lanzados y de los dardos emponzoñados que dirigieron con crueldad y beligerancia. No tienen el menor reparo en mudarse de camiseta, no importa el color, no importa la ideología, lo único que importa es el ostentar un cargo, no por meritocracia, sino por sobonería, franelocracia (1), lambisconería pura, esencia de la falta de ideología y de lo veletas que algunos seres pueden ser.

Ya Abelardo Gamarra (2) en una de sus crónicas se refería a este sector numeroso de personajes como “los duendes”, a quienes pintaba como seres feos, pechugones y de uñas largas que lo invadían todo, refiriéndose obviamente a los burócratas que copaban las instituciones en bandada, que las tomaban literalmente en asalto bajo distintos nombres, siempre al entorno de quien obtenía un cargo de importancia surgían muchos puestos adyacentes, laterales, del entorno, una suerte de seguidores.

Lo mismo viene sucediendo hoy en el país, hoy que se entregaron ya las alcaldías y los gobiernos regionales esa pléyade de duendes republicanos ha surgido como un estigma, - es verdad que existen grupos de fieles y leales que estuvieron en las buenas y en las malas con sus líderes, pero abundan los de último momento, los que esperaron los resultados para alistar sus franelas y lisonjas, sus piropos embusteros y falsarios-

Los duendes de la política son esos seres misteriosos que aparecen al abrir el estante de un municipio, o que saltan al abrirse un cajón de un viejo escritorio de oficina regional, surgen de la nada, de un modo imprevisto y dan brincos de sorpresa. Son los primeros en mudarse, los más alegres, los que más festejan.
Sin embargo no todos son duendes feos, pechugones y de uñas largas, existen quienes son convocados por su sapiencia, sus diplomas, su saber extremo, su don de gentes y ese carisma que algunos llaman “ángel”. No todos son arribistas lambiscones, están también los buenos que pese a ser de distinta bandera política son convocados por el dueño de casa, o más bien por el inquilino de casa, para vivir una temporada en esa morada que suele llamarse Municipio o Gobierno Regional.

Uno nunca sabe de qué cajón, tabique, librero, archivador o bandeja saltará un duende cuando empieza una nueva gestión municipal o regional. Nos hemos acostumbrado tanto a ellos que ya casi ni los distinguimos y se han mimetizado entre nosotros que ya  son casi humanos, casi, casi…

(1)  Arte de pasar la franela.

(2) Abelardo Gamarra, “El Tunante” quien fundó y dirigió un semanario en Cajamarca el 16 de marzo de 1881, denominado “La Realidad” bajo el cliché de  “Periódico Político, Científico, Literario y Noticioso. Órgano de los intereses del Norte”.

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