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martes, diciembre 01, 2009

Una mancha más al otorongo



Parece que los peruanos estaríamos condenados a ser las víctimas dominicales de un nuevo escándalo cada fin de semana y es que, desde que se hizo la denuncia de los petroaudios ,un domingo hace ya más de un año, los destapes periodísticos de medios nacionales no han cesado y se han repetido constantemente cada semana, sin tregua alguna.
Cada domingo un congresista es literalmente sacrificado, su vida es ventilada en la pantalla y sus más oscuras pasiones puestas al descubierto de un modo mediático que casi siempre los pinta de cuerpo entero pese a sus proyectos de ley o reiterativos pedidos de no a la corrupción. El congreso de la República cada día decepciona más y más.
El último domingo un nuevo destape puso al descubierto la mala conducta de la congresista Rosario Sasieta, la que no ha predicado con el ejemplo y más allá de los escándalos que protagonizó cuando fue denunciada por una de sus trabajadoras, solo ha ido de tropiezo en tropiezo. La autodenominada “Sra. Ley” parece que tenía “otras leyes”, aquellas que gobernaban su doble discurso y su doble moral.
La ministra Nidia Vílchez dijo que la congresista Rosario Sasieta debe aclarar bajo qué circunstancias realizó un viaje a España en setiembre de 2008, cuya transparencia ha sido cuestionada por la denuncia periodística. Sasieta viajó a España en la fecha señalada por motivos oficiales, supuestamente con una licencia con goce de haber del Congreso, por 15 días, pero habría desarrollado otras actividades y turismo.
Por eso la ministra acotó que al Congreso no le hace bien cualquier escándalo, que no ayudan a fortalecer los partidos políticos ni a levantar el buen trabajo que hace el Parlamento discutiendo normas para los sectores más necesitados.
Por el momento la congresista ha mostrado una conducta evasiva, no ha querido dar la cara a los medios de prensa que la han buscado para que brinde una respuesta, limitándose a decir “que la quieren tumbar”, respuesta que ha sido esgrimida por otros cuestionados congresistas como Gustavo Espinoza, o para ser más exactos, como lo han hecho el come-pollos, el mata-perros, la roba-luz, el roba-agua…
El Congreso se cae a pedazos, la reputación que tienen los congresistas son cada vez más cuestionadas, cada vez existen nuevos indicios de la corrupción que se ha enquistado en todas las áreas de esa institución. Cuanta razón tiene Javier Valle Riestra al querer dejar el Parlamento a como de lugar, aunque tenga que apelar mil veces, porque sabe que los congresistas de ahora no son otras cosa que remedos absurdos de los congresistas de verdad, de esos diputados y senadores de antaño que solo buscaban servir a su patria y no servirse de ella como lo hace la gran mayoría, con honrosísimas y cada vez más escazas excepciones y felizmente con nuestros congresistas cajamarquinos en ese reducido grupo de seres en extinción.

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