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miércoles, diciembre 02, 2009

El Apra nunca muere… pero sí agoniza



El “Partido de la Estrella” empezó a hacer agua hace mucho, pero fue el destape de los petroaudios lo que dio un peso especial a ese hundimiento presuroso que venía haciendo el otrora partido de las masas.

No solo ha sido su alianza aprofujimorista la que ha tenido un costo inmenso para el gobierno de turno, han sido una serie de desatinos que lo han enrumbado a un agujero negro en el espacio, ha sido la actitud de sus partidarios la que lo ha sometido nuevamente al sótano de las encuestas y de la popularidad.

Los estamentos estatales han sido tomados por los apristas, una vez más el tarjetazo y el carnet del partido se han impuesto. Los vetustos funcionarios del primer gobierno de Alan, volvieron a la carga, desempolvaron sus ternos y cartapacios y han entrado a vegetar a las oficinas del Estado.
Ya existe una disposición en el marco de la Ley de Presupuesto 2010 que autoriza el nombramiento de trabajadores contratados en los últimos tres años en el sector público, es decir del 99% de “compañeros”, lo que significa una carga más para el estado, un copamiento de la burocracia y una patada – de aquellas a las que Alan ya acostumbró no solo al seño Lora, sino al Perú entero- a la meritocracia, esa de la que tanto alarde hacía García cuando era candidato y que además atenta contra el principio establecido por la Ley de Bases de la Carrera Administrativa.
Los últimos traspiés que el gobierno ha tenido han sido una prueba irrefutable de que el partido aprista ha seguido con la línea que aplicó en el primer periodo, cuando todo se justificaba por la inexperiencia de un gobernante que llegó al poder por los resortes de un partido sólido que no tuvo antes la oportunidad como la tuvo en el ´85, cuando el recuerdo de Víctor Raúl estaba fresco y Luis Alberto Sánchez, Armando Villanueva y Ramiro Prialé entre otros destacados políticos del partido de Haya le daban el sustento que necesitaba, pese al descalabro final en el que un outsider con el cuento de la honradez, tecnología y trabajo y la mentira de la venta de un viejo tractorcito sometió al Perú en la más cruel de las crisis morales y económicas y en el que privatizó el agua, los cielos y hasta el aire que respiramos… Lo demás es historia conocida.

Hay favores que se pagan, los apristas así lo saben y lo entienden a pie juntillas. Puede ser que el Apra nunca muera, como dice su frase cliché, pero hace mucho que agoniza, las últimas elecciones por el proceso de revocatoria así lo han demostrado.

Balcon Interior

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