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martes, diciembre 08, 2009

Perdón al pueblo afroperuano




Un día como (9 de diciembre) hoy nació San Martín de Porres, El santo mulato nació en Lima en 1579 de padre español y madre panameña. De caballero y mulata nació el santo. Su nacimiento marcaría un hito en la historia religiosa del Perú y América, coincidentemente fue bautizado por el Obispo de la época Toribio de Mogrovejo, quien después también sería santificado.

El "santo de la escoba" fue canonizado el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII. Se dice que su vida fue un ejemplo de virtud, amante de la limpieza y capaz de reunir en un solo plato a un perro, gato yratón. Esa compleja fórmula que hoy tanto necesita el Perú, una fórmula capaz de reunir los credos y ambiciones más distintas de los peruanos con los peruanos.

Pero algo más identifica al santo, se dice que su afición por la limpieza era tal que nunca se separaba de su escoba. Escoba que nada mal le vendría al Congreso para limpiar la inmundicia que lo desvirtúa y que lo pone en vitrina cada día con un nuevo escándalo, nuevos viajes de placer y los más turbios negocios en esa repartija aprista del Perú.

El Estado Peruano ha pedido perdón recientemente al pueblo afroperuano. El texto publicado en el diario oficial “El Peruano” precisa que los agravios contra los afroperuanos se han cometido desde el siglo XVI “hasta la actualidad” y que representan “una barrera para el desarrollo social, económico, laboral y educativo”. Paso que es importante y que seguramente se afianzará con otros más, no queremos pensar que sea una actitud populista, o un acto de sobonería para quedar bien con el Imperialismo yanqui que el Apra detesta y que hoy está representado en su máxima expresión por un descendiente afro.
San Martín de Porres fue un peruano Afro, de los que han hecho mucho por el Perú como Mauro Mina en el box, César Uribe en el futbol, Lucha Fuentes en el vóley, el Zambo Cavero, Eva Ayllón, Susana Baca y Caitro Soto en la música. Ese Perdón era necesario. Alguna vez Juan Pablo II pidió perdón al mundo por las atrocidades cometidas por la Iglesia Católica durante los tiempos de la Santa Inquisición en un gesto indeleble para toda la humanidad.
Hoy es un día que vale la pena revalidar esa historia mítica del santo afro de América, como un ejemplo virtuoso de ser humano, de los que nuestro país necesita con desesperación, pero también es preciso recordar que existen otros grupos marginados y olvidados.

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