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miércoles, octubre 29, 2008

La soledad y los microondas



Cuando en 1946 el doctor estadounidense Percy Spencer descubrió el efecto de las microondas no imaginó que ese descubrimiento, medio siglo después, cambiaría la esencia de las relaciones en la humanidad. Y es que, aunque parezca increíble, los hornos microondas domésticos son los grandes generadores de la soledad humana al mediodía, al margen de que faciliten la vida o no, son disyuntivos entre las relaciones humanas y básicamente en las relaciones domésticas.

Se habla mucho de los beneficios y lo prácticos que suelen ser estos hornos, capaces de calentar los alimentos en apenas unos minutos, sin la necesidad de mezclar la comida en una cacerola como era la manera tradicional, donde se fusionaban los alimentos sólidos y se revolvían al calor de una cacerola en un tradicional “calentado” término que en el argot periodístico se conoce como “refrito” que no es otra cosa que rehacer lo ya hecho con mezcla de otras cosas, noticias en este caso ya trascendieron y que se las está reciclando para un nuevo uso.

Puede parecer increíble pero la soledad que generan los microondas es más fuerte que el calor que generan para calentar las moléculas de los alimentos. Una persona llega a su casa luego de sus labores al mediodía y encuentra un frío plato con comida metido en el microondas, aguardando que se encienda ese botón que dará inicio a ese baile casi medieval del plato sobre su base giratoria y como si carne, arroz, papas y algunas especias bailaran un vals acompasado y monótono. Luego de ello en una brevedad, por demás increíble, la campanilla anuncia que la comida está caliente y apta para consumirse.

En ese momento la soledad de un almuerzo empieza, sin conversaciones ni sucesos del día, sin mayores preguntas ni respuestas que el silencio conversando en nuestra mesa, sin más acompañamiento a veces que el zumbido de una mosca cruzando el silencio de la cocina o los aburridos programas de televisión del mediodía, si es que, pero aún, son tragedias noticiosas de ómnibus que se estrellaron por que el conductor se quedó dormido.

La luz eléctrica es otro de los descubrimientos que han desunido a la humanidad, solo cuando hay apagones la familia se mantiene junta buscando la luz de una lámpara que nos articula como a las polillas cuando buscan la luz, (en eso nos parecemos mucho a esas mariposas nocturnas). Cuando hay un apagón esa llamita de luz nos reúne, nos junta y nos hace estar juntos escuchando las historias que fluyen, cuando la energía eléctrica regresa toda esa magia desaparece, la luz tenue de la lámpara se apaga y todos parten en busca de otros mundos como las computadoras, o la televisión o a calentar algo de comida en un microondas.

La humanidad se desensibiliza cada día, se deshumaniza irremediablemente, mientras el mundo se cubre lentamente de plástico, mientras nuestros hijos aprenden verbos nuevos como “formatear” (por la acción de volver a empezar) “taxear” (conducir un taxi) “latear” (por la acción de caminar).

La humanidad se deshumaniza mientras los microondas nos calientan las comidas y nos alejan nuestras conversaciones de mediodía, de nuestras preguntas, de los “te quiero” cada vez más ausentes, cada vez más lejanos.

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