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miércoles, octubre 29, 2008

Hualgayoc, historia y tragedia de un pueblo minero




Ayer se desarrolló la audiencia convocada por Minera Coimolache – Proyecto Tantahuatay en Hualgayoc. Cuando Ramondi o Alexander Von Humboldt estudiaron el “Mineral Hualgayoc”, como se ha llamado desde hace siglos a Hualgayoc, nunca pensaron que sus crónicas años después serían el preludio de estudios que a la larga terminarían alimentando la codicia de los hombres.

Desde Rodríguez de Ocaña hasta Miguel Espinach, desde Mario Samamé Boggio hasta Eloy Santolalla Bernal y Victor Santolalla, el último minero de esa casta casi mítica que fue dueña de gran parte de la región, de “Pilancones” a “Coloradas” y de innumerables minas, cuando ser minero era entrar a un socavón y no saber si se saldría con vida, bajo las gotas que caían, cuando ser minero era un acto de audacia y osadía y no una moda de chaleco fosforescente y camioneta cuatro por cuatro.

La audiencia se llevó a cabo como se había programado, es decir, no se permitió el ingreso a todos los que debieron ingresar, un elevado número de pobladores quedó fuera del coso taurino y se les impidió el ingreso, tal cual sucedió en la audiencia de Pulán -donde no solo se impidió el ingreso a la mayor parte de pobladores sino que además se instalaron cercas eléctricas-. No importaron sus protestas ni sus súplicas, no importó más que cumplir las órdenes de una política que sataniza a la agricultura milenaria y redime a la minería.

Las licencias sociales se han convertido en una fórmula sencilla de resolver en los temas mineros. Un “Saludo a la bandera” que contradice el mismo término de licencia social, debería hablarse más bien de una licencia estatal o minera, que es el término más exacto.

Como en la historia de cualquier pueblo americano hubo pobladores a favor y en contra y el acto eleccionario fue solo un simbolismo como suele suceder en las misas católicas donde en el acto celebratorio solo el sacerdote bebe del vino y come del pan. Luego los “compañeros” dirán que fue un día histórico y glorioso para Hualgayoc y se firmará con champaña y aplausos una mentira tramada que debe avergonzar más que halagar.

Nada es nuevo bajo el sol, menos en un país que es un mendigo sentado bajo un banco inmenso de oro, mendigo al que a cada instante se lo hace de lado con una escoba para quitarle su banco a cambio de promesas incumplidas que ni siquiera nos permiten tener una red de carreteras decente, apenas tenemos trochas carrozables que avergüenzan y que nos sumen en el atraso.

Las crónicas de los días venideros hablarán de la grandiosidad de la riqueza y siempre el Perú será visto como la mujer pobre que enviuda y vende su casa para venderlo después todo… absolutamente todo.
Ya lo decía el célebre escritor Peruano Manuel Scorza. Ay, patria; ay, enemiga/ ¿con qué me has mojado que no puedo secarme?/ Se me pasan los días/ untando con tristeza los papeles, /mascando tu dolor se me pasa la vida.

Balcon Interior

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