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jueves, setiembre 14, 2006

PINGLO: Una voz en la memoria


Quién no ha cantado alguna vez, en un arrebato de patriotero criollismo, aquella hermosa canción que empieza diciendo "la noche cubre ya con su negro crespón...". Es El Plebeyo, el tema más conocido de Felipe Pinglo y tal vez la condena de que su obra haya sido poco y mal investigada en el Perú. Al celebrar el centenario de su nacimiento y esta crónica alerta sobre la necesidad de saldar cuentas con su legado musical.
En un reciente homenaje por el centenario de Pinglo, Manuel Acosta Ojeda, uno de los más versados conocedores del bardo y sus andanzas, dejó para la platea una valoración que debería tomarse en cuenta: "Aquel verso de Señor, por qué los seres no son de igual valor es tan importante en nuestra música, como el poema Masa de Vallejo o los Siete Ensayos de Mariátegui lo son para nuestra cultura". En los últimos días se ha realizado varios homenajes al compositor barrioaltino, se ha lanzado algunos discos recopilatorios de su repertorio interpretado por voces famosas del Perú, pero la idea que permanece sobre la mesa es que el análisis de su obra es una asignatura pendiente en comparación con la de los mencionados exponentes de la cultura nacional.
De Pinglo se sabe que amaba la bohemia, si bien él mismo no era lo que se dice un bohemio; se sabe que varias de sus composiciones reflejan personajes y situaciones de su tiempo, con tanto valor como las acuarelas de Martín Fierro reflejan el suyo; se sabe que su trabajo incorpora ritmos foráneos como el fox trot, el boston y el one-step para darle nuevos matices al valse y la polka; se sabe que era zurdo, que rengueaba y era enfermizo, que componía sobre la marcha en cualquier pedazo de papel. Pero la pobre investigación sobre su legado permite que los supuestos conocedores se hayan sorprendido con la reciente revelación de que su hija posee no treinta sino cincuenta composiciones inéditas del bardo, de las que incluso ella desconoce la música. El hecho trascendental es que el peruano de la calle no tiene conciencia de Pinglo más allá de El Plebeyo, cuando varios especialistas no dudan en comparar su obra con la de extraodinarios íconos musicales contemporáneos suyos como el propio Gardel en Argentina, Rafael Hernández en Puerto Rico o la mexicana María Grever. La particularidad de Pinglo está en la opción de retratar a los marginados de la sociedad. Juan Luis Dammert afirma categóricamente que sus personajes "son lecciones de historia para el que los encuentra". "Como en un cuadro de Brueghel o en una procesión del Señor de los Milagros, la gente se aprieta en sus letras, circula, va en auto, da direcciones de nichos, vende picarones -explica Dammert-. Parece un retablo de la vida entre la ciudad y el campo, cuyos amplios ejes de significación se deslizan entre la pureza quieta de la aldea y el veloz frenesí del cabaret, lugares símbolo de la vida moderna. El bohemio contra el labriego, el saltimbanqui del amor. Las mujeres que habitan esos polos de traición y fidelidad, una corte de personajes que reflejan definitivamente la república que Pinglo ve y escucha en las calles de Lima durante las primeras décadas del siglo XX". La importancia de su producción, no obstante, ha quedado difuminada por una serie de factores institucionalizados con el tiempo. "Se le ha hecho mucho daño a su obra -insiste Acosta Ojeda-, especialmente con los popurrís. En este tipo de recursos comerciales se arma un tema en base a porciones de otros temas famosos. Por desgracia, todo el trabajo que hizo el compositor con tanto esfuerzo pierde toda su grandeza".

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