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jueves, setiembre 14, 2006

A la policía se la respeta, pero hay policías que no saben respetar.




El ser policía es un trabajo loable. Debería ser una actividad que se encargue de brindar tranquilidad, seguridad y paz a los ciudadanos. Así debería ser. Teóricamente estamos protegidos por los hombres vestidos de verde. Ellos deberían inspirar respeto y ejemplo y de hecho hay algunos que así lo hacen. Hay uno que otro honorable y respetuoso, como lo hace el Coronel Chavarri quien ha puesto la mayor parte de cosas en orden en esta ciudad. Como mi amigo el comandante Juárez y el buen Arbulú, empeñoso comandante y hombre respetuoso, como todo ese grupo de amigos que fueron compañeros míos en la universidad y otros lugares: Rojas, Ruiz, Guevara, Mera Chávez, Aliaga, Sánchez, Símpalo… gente entrañable que viste el uniforme con honor y lealtad.

Cuando uno es niño, jugar a los policías y ladrones es divertido, perseguir a los malhechores hasta atraparlos. Todos queremos ser, en ese juego infantil, los hombres buenos vestidos de verde que luchan por el bien, esos señores a quienes nos decían, en tiempos del colegio, debíamos llamar “el amigo policía”.

Sin embargo las ovejas negras en una institución tan grande y variada abundan y en cualquier parte encontramos uno de esos seres abyectos, despreciables y miserables mimetizados entre el orden y la moral. Aquellos que por error del destino y del sistema están vestidos de policías cuando en realidad deberían estar del otro lado, aquel lado que corresponde a los hampones y delincuentes aislados de esta nuestra sociedad, con doble cerradura y condenados a la sombra.

Tal es el caso del técnico Barrantes, gendarme de la segunda comisaría policial de Cajamarca, ubicada en el jirón Chepén. Este ser repugnante de escasos modales y de prepotencia sin límite. De sospechosa rapidez para defender a delincuentes y maltratar a los ciudadanos. Más aún si los ciudadanos son señoras de edad como la señora Padilla. ¿Te suena a alguien ese apellido? Ahora me dirijo a ti técnico Barrantes, la señora Padilla es a quien detuviste hace unos días cuando le dieron un billete falso. La detuviste a ella y no a la persona que le cambió el billete, es decir a esa delincuente de apellido Gutiérrez y de nombre Yolanda que sabes bien, trabaja en el mercadillo y sospechosamente acudiste a su llamada a detener a la señora Padilla, una señora mayor, de canas y de comprobada honorabilidad. Es una pena que la hayas detenido estando vestido de civil. Me quedan muchas dudas por tu actuación, porque eso sucede a diario en ese mercadito y siempre tú actúas de esa manera, y siempre los billetes quedan contigo, para las “investigaciones” . Es una pena que apellides Barrantes como mi buena amiga la señora Socorro Barrantes, presidenta de la Asociación de poetas y escritores de Cajamarca y también es una pena que apellides como mi amigo Ciro Mendoza Barrantes, con quien he compartido varios premios. La señora Padilla es una conocida mía, para ser más exactos, es la mujer que me trajo al mundo. Varias Ong`s la respaldan por tu abuso, por detenerla varias horas y amenazarla. Es una pena que por culpa de un pobre imbécil como tú, a la policía se la respete cada día menos.

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