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martes, noviembre 15, 2011

El celendino que le presentó a César Vallejo a una de las mujeres de su vida


César Vallejo, el inmortal vate santiaguino, siempre es y ha sido recordado por los peruanos como el hombre gris de la mirada tristemente profunda con una mano en el mentón como contemplando la vida, sin embargo, tras esa figura meditabunda y pensativa habitaba un hombre muy humano, con arrebatos y pasiones, mujeriego hasta no más y enamorador hasta el hastío.

Sobre su vida amorosa los anécdotas se cuentan por millares, las mujeres a las que Vallejo amó fueron la inspiración que recorría por su sangre y su verso. Si bien antes de su muerte guardó relativa fidelidad con Georgette, su vida estuvo cargada de emociones y de nombres de mujeres. Se cuenta que cuando joven, en su Santiago de Chuco natal, recorría las calles ebrio vociferando versos a la mujer que le vendía chicha, después se enamoró con vehemencia de otras tantas que casi siempre supieron aquilatar sus versos y su apasionada vida.

Pero en la vida de Vallejo hubo dos mujeres llamadas Otilia, dos Otilias por las que su corazón y su alma dijeron y escribieron mucho. Una de Ellas fue Otilia Vallejo, la hija de su hermano, su sobrina, mujer a quien el poeta amó con mucha fuerza, sus versos dan cuenta de ese amor que aunque prohibido no necesariamente era imperdonable en un poeta de su magnitud. La otra fue Otilia Villanueva Pajares con la que se conocieron en Lima en 1918, cuando Vallejo forjaba su poemario Trilce -libro que se publicó en 1922- Otilia Villanueva llega a la vida de César Vallejo gracias a que se la presenta un amigo suyo, celendino, llamado Manuel Rabanal Cortegana.

La musa Otilia Villanueva ha sido plasmada en Trilce en más de 20 ocasiones, parece que la vida no fue tan dulce y que aquella relación tuvo un mal desenlace, según Espejo hasta la habría obligado a abortar luego de romper con ella (1) Por su parte Manuel Rabanal Cortegana contrajo nupcias con Rosa Villanueva Pajares, hermana de Otilia, boda en la que Vallejo fue padrino. Vallejo siempre estuvo distanciado de la idea del matrimonio y más del hecho de tener familia, sus concepciones filosóficas no lo permitían y lo de interrumpir un embarazo con sus parejas no es historia nueva, pero no juzgamos el hecho solo buscamos aportar un aspecto poco conocido del más grande de los poetas peruanos y universales. Vallejo inmortalizó a Otilia en su segundo libro: Trilce.

En el rincón aquel donde dormimos juntos/ tantas noches, ahora me he sentado/ a caminar. La cuja de los novios difuntos/ fue sacada o tal vez qué habrá pasado (2) 

La imagen de Vallejo va a perdurar por los próximos siglos, nosotros en cambio somos seres efímeros, juzgar los actos del poeta y su vida íntima resulta innecesario, de ello puede encargarse bien la Iglesia como siempre lo ha hecho, con su doble moral y sus sotanas pudorosas satanizándolo todo.

Se desconoce sí Otilia Villanueva también era celendina, es probable que así sea por los apellidos y por su gran amicalidad con Manuel Rabanal Cortegana, además que llegó a ser su cuñada, ojalá el tiempo pueda develar esos misterios, quizás, algún día aparezca una carta, un poema o una fotografía de aquellos años en que el poeta enamorado vivió en Lima amando a su segunda Otilia, aquella de La cuja de los novios difuntos, esa que fue sacada o tal vez qué habrá pasado.

(1)        Versión original citada por Espejo en “Itinerario del hombre”(TRILCE VI, XV, XLVI…)

(2)        Trilce XV.

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