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martes, febrero 15, 2011

Anticuchos


La palabra anticucho se ha convertido para los peruanos en un vocablo de uso común, una suerte de palabra oficial del peruano promedio, con uso recurrente y cotidiano en el habla popular y culta o de esferas medianamente intelectuales.
Se dice que el candidato fulano de tal tiene pocas opciones de llegar a la alcaldía porque “tiene muchos anticuchos” lo que en el argot criollo se entiende como que tiene algunas cosas pendientes, irresueltas y que lo tienen como poco transparente, atiborrado de situaciones escondidas.

El anticucho es un potaje propio del Perú, como se sabe se trata de carne cortada en trozos y atravesada por un carrizo o palillo, el término denota el estado de complejidad que se le puede atribuir a algunas situaciones cuando se habla de que tal o cual personaje tiene muchos “anticuchos”, se refiere evidentemente a problemas.

El término francés brochette y su equivalente español «brocheta» suele usarse para llamar otros platos similares a los anticuchos en sus respectivos países.
No hay un consenso en cuanto al origen de la palabra, sin embargo algunos estudios refieren que el término proviene del quechua antikuchu (anti: Andes y kuchu: ‘corte’) o anti-uchu (uchu: ‘potaje, mezcla’).

Ya Juan de Arona, en la colonia, aquel que fuera  iniciador de los estudios sobre el lexismo peruano en su Diccionario de Peruanismos, página 77, sostiene que anticucho alude a una serie de trocitos de carne asada o frita en la parrilla o sartén, que ensartan en palitos o broquetas, en presencia de los comensales.

Alonso Cueto, el notable escritor contemporáneo no se ha quedado al margen sobre el tema, en su libro "Valses, rajes y cortejos", cita textualmente: "cuando algo es fácil, es papaya; cuando alguien tiene mala suerte, es piña; cuando se tiene un secreto, se tiene un anticucho". 

Los anticuchos se han puesto de moda en esta campaña electoral, se habla de casos fraudulentos como el famoso COMUNICORE, de enfermeras ad-honorem que pasan noches en prisiones doradas y que acaban protagonizando espectáculos bochornosos y, cuando no, de adicciones y manías a sustancias y al alcohol. Los “anticuchos” siempre estarán presentes en momentos como los previos a procesos eleccionarios.

Keiko tiene sus anticuchos, Castañeda tiene los suyos, Toledo y PPK, Ollanta y los más menudos. Unos son de corazón, otros de hígado, otros lo son de mollejita,  la escena política es una gran anticuchada, unos más olorosos, otros menos sabrosos pero en esta guerra nadie se salva.

Algunos saben a mafia, otros a Etiqueta Azul, otros a estafa y otros huelen a petróleo de Texas y algunos hasta petróleo de Venezuela, por cada candidatura hay un cocinero, experto anticuchero en sazonar los problemas de sus partidos.

El Perú siempre será esa mixtura de todo lo inimaginable y lo imaginable, esa miscelánea eterna y perpetua en dónde todo puede pasar, en donde nada está dicho nunca y en donde nunca se sabe nada aunque todos sepan la vida de todos.
Los políticos son verdaderos “anticucheros”, mitómanos irreverentes, pequeños dioses idolatrados, encantadores de serpientes, vendedores de sebo de culebra, maniáticos redimidos en un país que los odia con ternura y que los ama con desenfreno aunque quisieran luego desaparecerlos para siempre y dejarlos como esos trocitos de carne cortada y atravesada por un palillo. El Perú no es solo todas las sangres, lo es también todos los anticuchos, todos los sabores.

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