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miércoles, junio 05, 2013

Del “baguazo” al “congazo”


Cuatro años han pasado desde que la intransigencia del gobierno de Alan García generara uno de los sucesos más lamentables de la historia del Perú, “el baguazo” dejó una estela de muerte de 23 policías fallecidos, 10 civiles y un policía hasta hoy desaparecido. Después de los infaustos hechos salieron las autoridades a lavarse las manos manchadas con sangre y balas.

Han pasado 11 meses de las muertes que sucedieron en Celendín y Bambamarca por el conflicto minero surgido en torno al proyecto Conga. Aquellas personas que murieron baleadas en Celendín, entre ellas un menor de edad, no eran parte de las protestas y se les disparó desde todas partes, también desde un helicóptero. Se disparó a matar. Después de los infaustos hechos salieron las autoridades a lavarse las manos manchadas con sangre y balas.

En ambos casos hay cifras indeterminadas de civiles procesados, pero ninguna autoridad política ha sido procesada por los hechos. En ambos casos hay muchas viudas, muchas madres que perdieron a sus hijos, muchos padres, muchos huérfanos que van a aprender la historia del Perú diferente al resto de la gente, porque existe un resentimiento social.

Los líderes azuzadores del conflicto a la hora de las balas estuvieron bajo sus camas, mientras los peruanos se mataban unos a otros ¿Quién va a pagar la factura de esa infelicidad? Los gobiernos fratricidas, en ambos casos, se lavaron las manos como Pilatos y hablaron del Estado de Derecho y de la democracia, una democracia que para cientos de huérfanos y viudas no ha llegado ni llegará porque no hemos aprendido de nuestros errores.

La actitud cobarde de los dirigentes y de las autoridades hizo que el drama sea mayúsculo, porque se trató de hacer creer en ambos casos que fueron los civiles quienes iniciaron los enfrentamientos, en realidad en ambos casos, fue el mismo gobierno quien incitó la guerra para cortar con el conflicto a balazos. Los gobiernos de turno en “el baguazo” y “el congazo” olvidaron que el pueblo cuando se siente agredido responde.

Los nativos de Bagua son personas de lo más simples y buenas, pero se sintieron heridos en su alma cuando el gobierno pisoteó sus derechos y tomaron las ramas de sus árboles para hacer sus lanzas.
Los pobladores de Celendín, son probablemente la gente más bondadosa del Perú, su pasividad es un emblema, pero alguna vez cuando se sintieron violentados quemaron su comisaría ante el abuso cometido con un detenido que apareció misteriosamente, muerto en su celda.

Mientras el gobierno no aprenda de sus errores, mientras los dirigentes oportunistas –no lo son todos- no aprendan que no se puede seguir escribiendo la historia con hechos sangrientos, seguiremos en ese círculo vicioso e inoficioso de muerte y desolación.


Después de 4 años del “baguazo” y a casi uno del “congazo” sería bueno reflexionar y pensar un poco en los que quedaron desamparados, los que van a crecer con una idea diferente de un país que también les pertenece, sería bueno pensar en los hijos que sueñan encontrar de nuevo a sus padres o en el padre que sigue buscando a su hijo policía entre el río y la maleza, sería bueno pensar que con lágrimas y sangre no se puede escribir ninguna historia que tenga un final feliz.

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